El cuerpo secreto y la manifestación de lo que no entendemos / Entrevista con Mariana Torres

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Después de muchos años escribiendo y dando clases en la Escuela de Escritores de Madrid, Mariana Torres ha publicado con la editorial Páginas de Espuma su primer libro de cuentos titulado El cuerpo secreto.

Torres ha escrito dos largometrajes: Mudanzas, una adaptación de la novela de Javier Sagarna publicada en Gens Ediciones en 2006; y El refugio, una idea original. Es coguionista del cortometraje A cara o cruz(2008) y ha dirigido Rascacielos, cortometraje estrenado en marzo de 2010 en el Círculo de Bellas Artes.

En El cuerpo secreto la inocencia, la crueldad y el dolor conviven juntos en un solo cuerpo. En sus treinta y cuatro relatos nos adentrarnos en un mundo híbrido, donde los protagonistas son niños dolientes, que se mueven entre cajas, cascarones y algún que otro ataúd. ¿Cuánto queda de nosotros en estos niños que sienten? Los relatos son unos muy cortos y otros muy largos, muchos apuestan por que el lector trabaje para completarlos en su imaginación. Según la autora, hay que leerlo en orden y sin intención de entenderlo, después regresar y ver cómo han cambiado los cuentos y nosotros con ellos.

Después de tantos años escribiendo, ¿cómo escogiste el material para tu primer libro? ¿cómo armaste El cuerpo secreto?

Es curioso, porque tengo 34 año y son 34 cuentos, muchas veces hago la broma de que hacen falta 34 años para escribir un primer libro. Llevo escribiendo cuento desde que empecé a escribir, prácticamente; y de publicar, quería hacerlo en un editorial que tuviera un poco de presencia y de nombre, porque creo mucho en la labor editorial. Creo que si vas a publicar algo, tiene que ser algo que merezca la pena, que nadie pierda el tiempo con eso, y en un sitio donde te puedan acoger y difundir. Yo tenía bastantes cuentos, acumulados de varios años, y de repente me di cuenta que había nueve que conjugaban un hilo temático, que en esos nueve cuentos había niños, dolor, y todos tenían un puntito de crueldad. Lo que hice fue rebuscar entre todos mis cuentos los que tocaran alguna de las líneas temáticas: niños, dolor o crueldad, y los metí todos. Encontré el título de El cuerpo secreto porque me di cuenta que estaba hablando mucho del cuerpo, no sabía por qué, pero había una presencia constante del cuerpo; luego me di cuenta que era el cuerpo como manifestación de lo que no entendemos, por eso es secreto. Fue un proceso largo, de construcción metódica basada en cosas antiguas. También yo escribo muchos cuentos, pero nunca los termino, son cachos o principios, y el final es lo que más me cuesta. Muchos de los cuentos antiguos que tenía, para este libro encontraron final; yo los puse ahí porque dije “Mira, aquí hay un niño…”, pero era sólo un fragmento. Por ejemplo, en “Palomitas de maíz” era un principio, no había más; o el de “El corsé y la niña” era un imagen de un folio, de una cosa muy concreta, no había cuento ahí; y a partir de meterlos en el libro y darles permiso de existir, les encontré un final y un sentido. Lo demás ha sido reescritura, quitar cuentos, corregir, corregir, corregir. Porque desde que tienes el libro, lo leen los editores, metes cuentos, sacas cuentos… yo he corregido mucho. La editorial me quitó el libro de las manos, casi. Como es el primero, me tomé muy en serio que quedara bien, prácticamente perfecto, lo cual es imposible. Ahora mismo lo leo y a lo mejor quito algo. Es un proceso lindo, lento y gratificante.

Juan Rulfo decía que un buen cuento se escribe y lee de una sentada, ahora que decías que muchos cuentos los tenías empezados y que después los terminaste, ¿no se te dificulta regresar a un cuento ya empezado después de mucho tiempo?

Yo escribo mucho de una sentada, o sea, digamos que el primer borrador que me sale de la idea central, no me cuesta nada, luego lo que sí me cuesta es encajarles finales. Cuando escribo un cuento a lo mejor me está afectando personalmente o me emociona por alguna cosa, si estoy muy cercana al cuento, no veo realmente lo que estoy contando, necesito que pasen tres meses para poder retomarlo; el tiempo me facilita incluso cerrarlo. Por eso también trabajo con muchos cuentos a la vez, para que cierre uno pasa tiempo, los tengo que dejar como en cuarentena, para cuando vuelvo a ellos eso me permite cerrarlos. La esencia del cuento me suele salir fácil, pero luego hasta que consigo acabarlo le tengo que dar pasadas. Pero es verdad que es importante que se lea de una sentada. Yo leo mucho en voz alta para corregir, si veo que en algún momento me aburre después, es que algo ahí no está funcionando; me utilizo de prueba y error al mismo tiempo.

La mayoría de los textos son muy breves…

Sí, casi todos. Es una mezcla rara porque hay muy breves o más largos, pero la mayoría son microcuentos. Es una estructura a la que yo le tenía un poco de miedo porque me parece algo raro porque no son ni todos micros ni todos largos. Pero también me parece que los microcuentos están usados como bisagras para los largos que son más narrativos, están mezclados y al final funcionan. También creo que hay que leerlos en orden, el trabajo que hacen los dos tipos de cuentos (micro y largos) es que juntos están contando algo.

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Yo alcanzo a ver un poco de poesía en los cuentos, ¿tú escribes poesía?

No, no escribo poesía y no me atrevo a escribir poesía. Creo que un buen poeta en realidad es un ser caído del cielo, me parece muy difícil llegar a eso. Yo estoy muy cómoda en este género. Es verdad que el cuento que es muy breve está cerca de la poesía desde el punto de vista de la metáfora y la imagen que deja más desnuda, o del lector que tiene que poner mucho de su parte. Es verdad que esa parte está en concordancia con lo que hace la poesía, y eso está muy bien, es una emoción pura y experimento con el lector, estás invitándole a que ponga de su propia emoción. Así también creo que la poesía, el cuento y la novela contemporánea deja mucho al juego del lector, leer hoy no es fácil. Es una experiencia donde el lector tiene que aportar, y eso en la literatura contemporánea hay que respetarlo, yo pretendo escribir así. Lo que también es muy importante es la musicalidad, como leo en voz alta me guío mucho por cómo suenan las palabras.

¿Crees que para entrarle a tu libro, el lector debe ser un lector bien nutrido y preparado literariamente?

Creo que lo único que hay que hacer para entrar en El cuerpo secreto es intentar no entenderlo. En realidad se parece mucho a escuchar una canción, la canción no está hecha para que saques conclusiones del mundo en general; tú escuchas una canción y sientes cosas, y conectas esos sentimientos con cosas que te han pasado. Yo creo que más que ser alguien leído, se debe intentar no entenderlo, entrar al libro sin prejuicios y sin buscar una explicación, esa es la lectura que necesito.

Y tú, ¿escribes para entender?

No, yo intento escribir desde un lugar que no controlo. De hecho, los cuentos que noto muy planificados, no me suelen gustar. Intento clocarme en una posición que yo misma no sepa muy bien. No escribo para intentar entender, sino para intentar expresar lo que siento. No para expresar lo que pienso ni lo que creo que pienso, es para intentar mostrar lo que siento, porque además la emoción es un concepto muy general, se pueden poner palabras: “miedo”, “dolor”, “angustia”; pero en realidad luego tienes un cuento completo para explicar sólo una de esas emociones. Las historias de este libro estás para expresar una emoción sin decir esa emoción concreta, además en el momento en que la dices el lector se siente manipulado, se siente “Ah, pues tengo que sentir esto”, y a no me gusta nada la manipulación en lo emocional del lector, él debe poner sus propios sentimientos. Hay gente que me dice que le han parecido “oscuros” o angustiosos, y lo que he podido comprobar es que en la parte del lector, sus propios fantasmas son los que están jugando aquí. Por eso si se los leemos a un niño de 10 años, como su mundo emocional tiene que ver con otras cosas todavía, él entiende otras cosas, con lo cual es una invitación a descubrir los propios fantasmas internos. Yo también escribo ahí, para descubrir los míos que tampoco los entiendo, si los entendiera no escribiría. Al final creo que salen textos que hablan mucho de mí, pero también hablan de todos, porque cuando hablas de la emoción pura es verdad que es universal, y era esa un poco la propuesta.

Ahorita mencionaste a los niños como seres que aún no han experimentado algunas cosas y que por eso les cuesta trabajo entender, tal vez, estos cuentos. Sin embargo los niños que aparecen en los cuentos El cuerpo secreto son mucho más inteligentes que los adultos.

Sí. De hecho los niños que aparecen en los relatos son la manifestación del cuerpo y de la emoción; el ser humano está compuesto por tres partes: el cuerpo, la cabeza y la emoción. El niño es puro cuerpo y emoción, digamos que la cabeza o intelectualidad, el raciocinio y la conclusiones de la vida, no las saca. Estos niños son mucho cuerpo y mucha emoción, y por eso están ahí, para desprendernos un poquito de la cabeza, que es lo que ocurre con la chica de la portada, para desprendernos de las trabas mentales que son una cosa más del adulto. Hay que transformarse un poco más en estos niños, son niños inteligentes desde el punto de vista de que están viviendo experiencias donde el cuerpo les duele o  no es un cuerpo normal, por ejemplo el niño al que le crece un árbol dentro y la experiencia de eso le hace madurar mucho más que a los adultos. También es verdad que cuando alguien crece con dolor, como el niño del último cuento, también lo acepta como parte de su vida y no le da tanta importancia. La parte terrible la ponemos los adultos.

¿Crees que lo extraño que podemos ver en el libro nace de nuestra necesidad de buscarle un sentido o de darle una explicación a las cosas?

Puede ser que sí, uno se siente extraño cuando no controla o no entiende las cosas que te cuentan. Hay una necesidad de control que si no conseguimos saber lo que ocurre o lo que puede pasar, nos descontrolamos. También hay muchos cuentos aquí que son como moldes y que los lectores lo entiende de diferentes maneras, dicen “Ah, pues aquí estás hablando de la quimioterapia”, pero yo nunca he pensado en eso, cualquiera pone su experiencia ahí y lo transforma. Además son cuentos que son puras imágenes, como la portada. Tal vez lo extraño lo ponemos nosotros, con nuestra visión y emoción del momento. Estoy segura que cualquiera de los cuentos cortitos lo lees ahora y después dentro de quince años también, probablemente sientes cosas distintas; y que es un poco lo que yo busco en mis lecturas, poder tener una experiencia lectora que no me cuente lo mismo ahora que dentro de varios años y que conecte con cómo estoy en ese momento.

¿Cómo conjugas tu trabajo como profesora en la Escuela de Escritores de Madrid y tu trabajo literario?

Se complementan muy bien, sobre todo el trabajo de los alumnos, porque al final cuando das clases te hacen preguntas y a eso debes dar una respuesta. Tienes que elaborar una respuesta y a partir de la explicación aprendes mucho de tu propia técnica. Además, es imposible enseñar a escribir si tú no has escrito o si no estás escribiendo, sería un profesor un poco falso. Para explicar algo bien tienes que haberlo vivido, es imprescindible. Te ayuda porque lees mucho y aprendes identificar lo que es bueno y saber cuándo tienes que corregir algo que no es tan correcto, no me gusta decir que hay algo malo porque todo se puede arreglar.  Y una de las cosas más satisfactoria es encontrarte con alumnos que escriben mejor que tú.

Por Ezra Alázcar.

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