NUESTROS PERSONAJES DEL AÑO – Juan Villoro La memoria es una cantera de invención. (Entrevista exclusiva)

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Redacción: Luis Ortiz
Entrevista: Ezra Alcázar

“Mientras nos dure el 20”, es el título del espectáculo que presentaron Juan Villoro e integrantes de la banda mexicana Caifanes, a lo largo de este año en distintos festivales como el Festival de Letras en Tepic, Nayarit y recientemente en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca, donde Caifanes musicalizó algunos de los relatos que componen el libro “Tiempo Transcurrido” del escritor mexicano.

Villoro es un escritor, cronista y periodista mexicano amante de diversas actividades como el cine, la música y el fútbol. Ha escrito cuentos y novelas entre ellos, “La casa pierde”, “Los culpables”, “El disparo de argón”, “Llamadas de Ámsterdam” y “El testigo”. Dentro de los premios que ha ganado destacan, Premio Ciudat de Barcelona (2009), Premio Internacional de Periodismo Rey de España (2010) y Premio Iberoamericano de Letras (2012).

Revista Vicio se dio a la tarea de buscar a Juan Villoro para entrevistarlo acerca de su trabajo, de cómo surgen las ideas para escribir ya sea un cuento o una novela, cómo influye en su escritura el vivir en una ciudad tan acelerada como lo es la Ciudad de México y algunas anécdotas más que nos compartió el escritor.

Vicio (V): Recuerdo que no eras fetichista con tus libros, ¿Recuerdas algún contacto con las cosas que has ido recopilando?

Juan Villoro (JV): Hay muchas cosas que me traen recuerdos, llaveros y cosas de ese tipo o boletos de conciertos a los que he ido y que de repente me los encuentro porque no sé donde los guardo y me da gusto verlos de nuevo. Realmente no fui muy coleccionista, ni he tenido el gusto de coleccionar discos o monedas. De los libros que tengo ni siquiera sé cuáles tengo, porque los he prestado o los he regalado o me los han robado, tengo otros que ni sabía que tenía. Tengo una relación muy desprendida y podríamos decir que descuidada con los libros.

V: Cuando escribes un personaje que no se te parece mucho, ¿Cómo le haces para escribir desde la voz de ese personaje?

JV: Es una de las grandes misiones de la literatura, meterte en la piel de alguien muy diferente, debes escribir desde la convicción de un héroe o un villano. Un personaje que lo hacía muy bien era Dostoievski. Ojalá todos tuviéramos esa capacidad de entrar tan profundamente en convicciones que no son las nuestras y representarlas de tal manera que superaran a nuestras propias convicciones. Cuando yo escribo trato de acercarme a una mente que no es la mía. 

V: Recordando una charla pasada contigo, me comentabas que disfrutabas el caminar, ¿Cómo logras hacer esto en Coyoacán?

JV: Yo trato de caminar donde se pueda, la Ciudad de México no es muy favorable para esto. Yo siempre trato de hacer caminatas utilitarias, trato de armar rutas, voy al metro General Anaya caminando y son alrededor de 45 minutos. Trato de inventarme rutas. Estuve un mes en un refugio mundano para escritores en la Toscana cerca de Florencia; es un retiro para escritores donde puedes ir un mes, antiguamente era la casa de Gregor von Rezzori. Durante ese mes en el que solo estas escribiendo dentro de ese entorno, caminaba yo dos o tres horas diarias sin rumbo fijo, esas caminatas me encantaban. Lo que pasa es que necesitas mucho tiempo libre. Ese es el problema aquí en la Ciudad de México que cualquier cosa te consume demasiado tiempo. 

V: ¿Por qué seguimos viviendo en la Ciudad de México entonces?

JV: Es un gran enigma, la Ciudad de México todos los días nos desafía. Nos da argumentos para abandonarla y argumentos para enamorarnos. Siempre he dicho que es como la mujer barbuda del circo que no es la más hermosa, pero ya te gustó y aunque sabes que tiene un defecto muy obvio, no dejas de quererla. Se presta mucho para el estímulo de la escritura y dificulta mucho la práctica de la escritura.

V: En esta ciudad tan fecunda de ideas, ¿Qué tiene que hacer ‘conexión’ para que te motive a escribir’?

JV: Depende del tipo de historias que te proponga. Se trata de situaciones que dan más para un artículo o lo que José Millas llama “articuento”, por lo absurdo e irracional que uno dice, aquí hay una crónica real que al mismo tiempo es un relato. Hay cosas muy misteriosas, por ejemplo la calle de Ámsterdam en la colonia Hipódromo Condesa; me parece extraordinario que haya una calle que tuvo que ver con las apuestas de los caballos, a mí se me hizo extraño realizar una historia basada en esa calle sobre el amor porque es como una apuesta. Es una relación con una parte de la ciudad que permite el misterio, otra manera de acercarme a ella. Existen otras imaginarias como en mi novela de “El disparo de argón”. En ocasiones he tomado un suceso real para hacer una historia, por ejemplo en mi novela “Materia dispuesta”.

V: ¿Cómo decides para dónde va el material que recopilas?

JV: Cuando yo escribo un cuento, debo saber de qué voy escribir, tener la idea de hacia dónde van los personajes y un cuento se beneficia mucho de un final dominado por el autor. Cuando yo conozco el material completo, sé que estoy frente a un cuento. En cambio, cuando escribo una novela, no sé bien de que voy hablar, la historia se me escapa, tengo que irla averiguando porque los personajes ya los tengo. Son dos acercamientos totalmente distintos y se relacionan con cualquier tipo de tema, como la ciudad de México u otro. Si yo puedo englobarlo de antemano y saber cuál es esa historia pues estoy frente a un cuento pero si tengo que descubrir la historia en un proceso que me atrae por la atmosfera o el escenario que va ocurrir, pues estoy frente a una novela.

V: ¿Te alegra cuando has terminado un cuento?

JV: La felicidad que yo obtengo casi siempre, tiene que ver con el final de una jornada de escritura. Los momentos de felicidad para mí son terminar sintiendo que hice algo, pero estoy en una incertidumbre porque me ha pasado muchísimas veces que he escrito durante muchas jornadas con enorme sentido de la felicidad cosas pésimas y es uno de los grandes misterios, cómo puedo estar contento cuando escribo tan mal, mientras lo estoy haciendo no me doy cuenta. Entonces el grado de satisfacción o de felicidad interior que yo tengo por esa jornada no es un índice de la calidad, pero si es un índice del gusto que tengo por el trabajo. 

V: Te ha pasado que la memoria te invente las cosas mejor de lo que en realidad son

JV: Siempre te las cambia, cuando yo estaba en Barcelona escribiendo la novela “El testigo” y muchos de los poemas que citaba, que tampoco eran tantos, varios de estos poemas eran producto de mi memoria no de mi lectura. Yo recordaba un verso de Eduardo Lizalde que decía “todo se puede destruir, menos la caja negra” es un poema que se refiere a la caja negra del avión y a mí me parecía que resumía ese verso el sentido del poema porque justamente una caja negra son las últimas palabras que se graban, todo se ha acabado menos las palabras; entonces le escribí a un amigo preguntándole si ese verso estaba en el poema de Eduardo Lizalde y me contestó ‘mira ese verso resume el poema pero no está en el poema’, entonces era el impacto de mi lectura porque en efecto todo el poema de Eduardo Lizalde trata de decir eso, que todo se destruye menos la caja negra, es decir, las palabras y eso no existía y es uno de los ejemplos de cómo la memoria selecciona y te juega malas pasadas porque tú crees recordar una cosas y en realidad estas recordando otra y muchas veces no estas recordando la realidad misma, estás recordando tu memoria de la realidad porque la memoria es una cantera de invención. 

V: La política, pareciera que varios intelectuales están dentro de un escaparate y se les acercan a preguntarles de cualquier cosa, ¿Es así en tu caso?

JV: Uno de los problemas de ser intelectual en una sociedad tan asimétrica y desigual que es la mexicana, es que de pronto parece que el intelectual, porque domina una forma de la dificultad que es lenguaje y la expresión en un país donde mucha gente es analfabeta o no tiene mucha cultura, sabe de todo entonces te encuentras a escritores o artistas convertidos en intelectuales hablando de demasiados temas, creo que yo mismo he incurrido en ese error. Al mismo tiempo, considero que es muy difícil estar al margen de lo que sucede, respeto mucho en estos tiempos al escritor que se refugia en su estudio a escribir sonetos de amor o una novela de ciencia ficción. Creo que de alguna manera hay un compromiso personal, no colectivo en mi caso, para hablar también de situaciones que lastiman mucho nuestra vida porque tenemos una sociedad profundamente corrupta y violenta injusta y es necesario encontrar una salida, por lo menos me considero un cronista crítico de esta situación. No creo tener las llaves para las cerraduras pero sí creo poder armar un sentido narrativo de lo que está pasando, por lo menos tratar de construir una captación de sentido, de que haya una mayor comprensión de lo que estamos viviendo.

V: Hay algo que cuando se habla de temas fuertes siempre está incluido en muchos de tus textos el humor, un humor para pensar no para hacer reír.

JV: Yo creo que el mejor sentido del humor no es necesariamente el que nos hace reír a carcajadas sino el que nos hace reflexionar. Augusto Monterroso decía ‘el verdadero papel del humorista consiste en hacer pensar y a veces hasta en hacer reír’ para él, era más importante pensar de otro modo y luego ya si el humor lograba su cometido pues también te podía hacer reír.

V: En “Balón dividido” decías que el fútbol es donde hay 22 personas que juegan a ser Dios y uno a ser humano, ¿No se supone que Dios lo tiene todo controlado?

JV: El futbolista aspira a esta condición de semidios y a veces cree que la ha alcanzado y ese es un grave error porque crees que tú no tienes obligaciones como las de un mortal y eso es terrible, pero es la ambición de todo futbolista, convertirse en este ídolo casi sacralizado. El que representa el error humano es el árbitro, el hombre que se equivoca y tiene en sus manos y su silbato la capacidad de fracasar una y otra vez y eso es lo que hace también muy interesante al fútbol, que tiene un sistema de jurisprudencia totalmente falible, en ese sentido se parece mucho al destino y ahí quizá podríamos ver una voluntad oculta de Dios y así nos pasa en la vida, no merecemos ganar la lotería y si la ganamos recibimos castigos y recompensas que no siempre están a la altura de lo que hemos hecho moralmente. Yo comparé a dios con la pelota y por eso escribí el libro “Dios es redondo porque la pelota bota como le da la gana”.

Te invitamos a disfrutar de la entrevista completa que le hicimos a Juan Villoro en nuestro Facebook, Revista Vicio.

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