Kykéon, la bebida alucinógena de la Antigua Grecia

En la Antigua Grecia también hacían smoothies, pero por lo menos tenían su gracia. Agua, menta (‘blechón’ entonces) o tomillo y un poco de cebada alucinógena hacían las delicias de los peregrinos que viajaban cada otoño a Eleusis para iniciarse en los misterios de la diosa Deméter, que no eran poca cosa: de una sola vez alcanzarían una mayor comprensión de la vida y ahuyentaban el miedo a la muerte. Era una promesa de inmortalidad real.
“¡Feliz el que después de haberlos visto desciende a la tierra; / feliz el que conoce el fin de la vida y conoce el comienzo que otorgan los dioses”, decía el poeta Píndaro en uno de sus versos sobre los misterios.

Pero nadie habló jamás de lo que ocurría allí dentro bajo pena de muerte por sacrilegio. Algunos historiadores apuntan a que la bebida ya se elaboraba en el siglo XV aC, puesto que en el Himno homérico a Démeter, escrito en el siglo VII aC, ya se menciona el kykeón. A pesar del largo recorrido de esta ceremonia y la cantidad de personajes importantes que escribieron sobre ella, la lista completa de ingredientes del kykeón (‘mezclar’) es especulatoria, como todo el rito.

Solamente sabemos que ayunaban días antes y se tomaban kykeón antes de entrar a la sala subterránea del enorme templo de Telesterion en la oscuridad de la noche guiados por los hierofantes (‘reveladores de lo sagrado’), mistagogos (‘conductores de los misterios’) y psicopompos (‘los que ponen de manifiesto lo anímico’).

Según Antonio Escohotado, autor de Historia general de las drogas que ha escrito extensamente sobre el rito eleusino, se parecía a “una ingesta de hongos psilocibios administrada por chamanes mexicanos o balineses que a los ritos oficiados anualmente en Lourdes, La Meca o Benarés”.

Porque si hacemos caso de la hipótesis con más adeptos, en la que el kykeón contenía cebada parasitada por el hongo rojizo del cornezuelo ( Claviceps purpurea), estaríamos diciendo que los antiguos griegos ya tomaban LSD. Así lo confirmaron los estudios de Albert Hofman, publicados The Road to Eleusis, que gracias al análisis del cornezuelo fue el primero en sintetizar este psicoactivo en 1943. Pero tomar el kykeón era seguro. Los hierofantes eumólpidas guiaban la ceremonia y es posible que dieran un bautizo de agua al cereal parasitado, ya que el hongo podía a ser mortal porque según las condiciones geográficas en las que crezca desarrolla alcaloides venenosos (ergotamina y ergotoxina) o visionarios (ergonovina o la amida del ácido lisérgico).

Y todo ello era por y gracias a Deméter, que había revelado los secretos de la agricultura a los hombres, haciendo posible la vida en la tierra y honrar a los dioses. Lo hizo en Eleusis, la única ciudad que en la Antigua Grecia estuvo conectada por una carretera formal con Atenas, cuando abandonó el Olimpo irritada porque Hades había raptado a su hija Perséfone mientras cogía un nardo (o lirio, en algunas versiones) y nadie la ayudaba a encontrarla, dejando de encargarse de la agricultura en la tierra hasta que apareciera su hija.

Triptólemo, hijo del rey eleusino Céleo, fue el depositario de la misión de extender el cultivo de trigo por la tierra. Pero a parte del mensaje divino, la importancia del mito es cosmogónica, ya que Perséfone, por haber comido una semilla de granada en el infierno, deberá pasar la mitad del año con Hades para disgusto de su madre, que hará que la tierra deje de producir, simbolizando el invierno y el otoño, cuando la tierra es menos fértil.

Dice también Escohotado que en ese mito encontramos “la comprensión (y aceptación) del destino de los vivientes en general. Los Misterios de Eleusis (…) eran una profundización en las relaciones de los subterráneo con la superfície, una comunicación del hombre con el ciclo total de la vida, que en la embriaguez sagrada inducida por el kykeon se veía llevado a una experiencia infinita del sentido”.

Y añade: “Los griegos pensaban, con razón, que las plantas comestibles eran formas evolucionadas de variedades no comestibles, y que la agricultura constituía un triunfo de la cultura. Como los cereales cargados de grano representaban en la época arcaica el máximo logro del ingenio y la diligencia humana, el hecho de que esas espigas fuesen parasitadas por el ergot [cornezuelo] representaba un desafío, una amenaza de plaga esterilizadora comparable a la que desató Deméter para castigar el secuestro de su hija”.

Para poder aceptar jubilosamente la vida mortal el hombre ha de vencer su miedo a la muerte y al más allá, aceptando los estremecimientos de sentirse ya muerto y verse así desde fuera, como se contemplan el chamán y su tribu, el yogui, los sacrificadores de soma y haoma, el místico en general”.

 

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