19 S NATURAL

POR: ADRIAN RUIZ.
Tengo dieciocho años, a menos de tres meses de cumplir el siguiente. Actualmente estudio una licenciatura en la UNAM. ¿Y porque menciono esto? Tal vez no parezca importante y puede que se lea presuntuoso. Pero es necesario hacer esta pequeña descripción de mí sabiendo que no soy el único en esta situación. Así como estoy seguro no fui el único en que por más de una década escuchamos con segura atención a nuestros padres, madres, abuelos, tías, primos, amigos, o conocidos, hablar de aquel 19 de Septiembre de 1985 que como ahora nos pasa a muchos; será un día que jamás se borrara de nuestras vidas, de nuestras memorias.
Fuimos testigos en días pasados, del sismo más monstruoso del que se tengan registros en nuestro país. Era la noche del 7 de septiembre de este un 2017, aproximadamente las 23:14 horas. Así lo recuerdo. Valla que fue muy compasivo con nosotros, al menos en Ciudad de México. Lamentablemente no puedo decir lo mismo de Chiapas y Oaxaca. Pudimos sentir como no solo recorría las estructuras materiales de nuestras casas, lo pudimos sentir de pies a cabeza.
En mi caso mostraba incredulidad a la alerta sísmica cerca de mi casa, pues un día antes fuimos escuchas de una “Falsa Alarma”. Una risa nerviosa se apodero de mí frente a la misma computadora en la que narro esto. Las luces bajaban pero no se fueron del todo. La voz de mi padre que me invitaba a pararme cerca del marco de la puerta. La comunicación en redes sociales afortunadamente no se perdió, nos enteramos de la magnitud y nos acomplejábamos con deidades porque el sismo más grande en la historia no nos hizo daño alguno. Que ilusos fuimos.
19 S.
Por la mañana compartía en mis redes sociales una imagen referente al sismo del 85’. Era una pareja de tal vez 23-25 años los cuales se besaban en un abrazo, de fondo, un edificio completamente colapsado. Compartí esta publicación con el título “Loud Like Love” haciendo referencia a la canción del grupo PLACEBO; “Fuertes, como el amor”. Sin duda, esta entre mis fotos favoritas.

“Impotencia” será el calificativo correcto que usare para describir mi situación vivida en un abrir y cerrar de ojos.
Tengo más preguntas que respuestas.
¿Cómo es posible que con diversos simulacros a lo largo del año no pudiéramos ser capaces de enfrentar una situación así?
El “Por qué” de muchas cosas lo tengo en auge en mi cabeza.
Sin previo aviso, sin alerta sísmica sufrimos un fuerte golpe que nos llenó de pánico, y no está mal decirlo. La verdad es que estuve aterrado. Mi primer pensamiento al oír el vibrar de los vidrios fue la posibilidad de un avión volando bajo. Ojala hubiese sido cierto.
Fueron los 40 segundos más aterradores de mi vida, aquellos que me enmudecieron y provocaron la palidez en mi rostro; el movimiento aumentaba en vez de calmarse, no paraba.
Jamás había escuchado el crujir de un edificio o el quebrantamiento de los cristales por causas infinitamente “naturales”. Esa fracción de segundo en el que cruzaba por mi mente que el edificio se me venía encima. Los ojos rojos y la garganta seca fueron síntomas que aparecieron de inmediato en mí. Las ganas del llanto supe que tenía que aguantármelas porque tenía que ser valiente. Al menos trataría.
No había señal, por supuesto, vivimos un sismo que en posteriores instantes ese fue el que sentimos como el más fuerte de la historia. En mi caso no puede compararlo con ningún otro. Apenas pude avisar que me encontraba bien a mis seres cercanos y en ese momento era lo que más podíamos gritar. “¡Estamos Vivos!”
Apenas pasados 20 minutos aun no era consciente de lo que ocurría en el “exterior”, la línea telefónica y el internet se volvieron intermitentes. Circulaba un video en mi WhatsApp de poco más de 30 segundos en donde un edificio se venía abajo. “¡PUTA MADRE, NO MAMES!” fueron las palabras altisonantes que salieron de mi boca.
Alrededor de las 16 horas, la comunicación en su mayoría fue reestablecida. Bastaron cerca de 5 minutos para mirar la televisión y darme cuenta como se encontraba mi ciudad. Había reportes de más de 20 edificios colapsados, y mas

de un centenar de personas desaparecidas que con el paso del tiempo esa cifra se vino en aumento.
Mi madre, hasta el día de hoy dice que jamás olvidara mi cara de susto. No era para menos.
MEXICO
¿De dónde carajo salió tanta gente buena?
El sentido de mis lágrimas cambió, ya no era por tristeza, era por ver a mi país más unido que nunca. Las enormes filas de voluntarios civiles y experimentados eran en multitudes. El “¿En qué?” o el “¿Cómo ayudo?” abundaban por las calles.
Yo no era la excepción. Los días siguientes, al menos hasta donde alcanzaron mis energías tuve el honor de salir como voluntario con el único fin de ayudar. Así lo hice en compañía de mis compañeros de escuela porque nuestra lógica universitaria y humana así nos lo demandaba.
Observamos otra realidad, las imágenes que mostraba la televisión pública eran insuficientes para mostrar lo que realmente ocurría.
El transporte público se mostraba vacío. Pero aquella gente se mostraba desconcertada con lo que nos había golpeado, justificado estaba.
Las noches posteriores y en ocasiones al día de hoy, aunque ya casi pasa un mes de dicho suceso, no puedo dormir con la misma tranquilidad, y no, no tengo miedo al juicio de que es ridículo. Tengo el sonido de la alerta sísmica en mi cabeza, el movimiento cual gimnasta haría para levantarse en un tiempo del sofá, silla o cama por si se presenta la ocasión.
Se vendrá lo más difícil para esta sociedad que ha demostrado está conformada por héroes anónimos. Ayudar, ayudar y ayudar, no hay más, todos podemos hacerlo, hay que encontrar la manera que este entre nuestras posibilidades.
Espero que quien me esté leyendo se encuentre bien, con la calidez de sus personas cercanas. Para mí las 13:14 horas del 19 de septiembre del 2017 nunca podrá borrarse de mi memoria, al igual que no se borrara el “¡Canta y no llores!” por qué somos demasiado país para cualquier sismo.

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