Por Diana Ávila

Destruir el umbral del asombro de lo que come y bebe es el gran vicio de Gastronauta DF. Su adicción es evidente al explorar sus redes sociales y encontrar los diferentes restaurantes, bares y puestos de comida que visita. Sin embargo, nada se compara con la experiencia de acompañarlo a uno de sus recorridos.

Para él es importante que las personas salgan de su zona de confort y expandan sus horizontes. Es por eso que nos encontramos en el restaurante de comida tailandesa yvietnamita Kiin Thai-Viet Eatery, ubicado en la colonia Roma Norte, en la Ciudad de México. Este lugar es su último gran hallazgo. “Es imposible no salir de aquí mejor que como entraste”, afirma.

La chef Somsri Raksamran y su esposo Eleazar Ángeles, dueños de Galanga Thai Kitchen, son los responsables de este proyecto en el que exploran la cocina de Tailandia y Vietnam. El resultado, en palabras de Gastronauta DF, es una comida divertida, de colores vibrantes y de sabores llenos de electricidad.

Es emocionante observar cómo explica cada platillo y los ingredientes que contiene: ramen, curry, papaya verde, salsa de pescado, entre otros. Se puede notar la pasión que tiene por la comida y por transmitir ese gusto a los demás. No sólo se interesa porque pruebes el platillo, sino que también sientas las texturas y percibas los olores.

Generalmente, la gente lo observa como un crítico gastronómico, pero él se ve a sí mismo como un explorador culinario cuyas aventuras giran alrededor de la comida y la bebida. Él, más que realizar una crítica convencional, narra anécdotas.

Los rayos del sol entran por las puertas del restaurante y caen sobre las primeras mesas. Un café vietnamita, intenso y dulce, acompaña nuestra charla enfocada a sus inicios como Gastronauta DF, el impacto que genera en sus seguidores y los retos de una actividad como la que realiza.

Salto de fe

Max St Romain nunca imaginó que llegaría un punto en su vida en el que se dedicaría a ser Gastronauta DF. Este personaje surgió como resultado de la alineación de varios sucesos en su vida. En primer lugar, la pasión que desarrolló desde hace 20 años por comer y beber bien, así como por educar su paladar y cultivarse en el ámbito gastronómico.

Posteriormente, un taller de escritura lo orientó a hablar sobre sus hallazgos culinarios. Como parte de un ejercicio, tenía que abrir una cuenta de Twitter y hablar sobre lo que más le apasionara. Así fue como su gran vicio por estimular sus papilas gustativas cobró un sentido diferente.

Al mismo tiempo, hace cinco años, la gastronomía tuvo un gran boom y la gente comenzó a prestar atención a este ámbito y a lo que Gastronauta DF publicaba. No se trata de simples recomendaciones, Max siempre tiene la convicción deestablecer vínculos con sus seguidores y ofrecerles textos reales, cercanos y con una historia de fondo.

Hoy en día, su actividad principal es ser Gastronauta DF. El guionismo su ocupación anterior pasó a un segundo plano. A principios de este año decidió dar un salto de fe y dedicarse a ser bloguero de tiempo completo. Sin embargo, ahora piensa que no es suficiente económica o intelectualmente, y prepara nuevos proyectos para combinarambas pasiones.

Los seguidores se convierten en clientes

Max nunca sospechó que pudiera tener un impacto en este Mercado, pero así fue. Las invitaciones de restaurantes y marcas llegaron muy temprano; también llegaron ofertas económicas y de viajes. Luego notó su impacto, vio cómo la gente cambiaba su comportamiento a partir de sus recomendaciones.

“Hace dos años fui a un restaurant, hice una transmisión en vivo y antes de irme, ya habían llegado seis personas porque me vieron en esa transmisión. Más que percatarme del poder que yo tenía, me di cuenta del poder real que tienen las redes sociales”, cuenta con asombro.

De acuerdo con Max, las personas que deciden comer en algún lugar  por las sugerencias de un medio impreso están quedando atrás y los restauranteros se han dado cuenta. Los influencers culinarios están redireccionando el Mercado y las reacciones que los restaurantes obtienen de sus contenidos, no la tienen de los medios tradicionales.

Como ejemplo, menciona que recientemente un restaurantero lo invitó a probar un sándwich. Gastronauta registró la visita y subió la fotografía. En 48 horas, ese plato se ordenó más de cuarenta veces. Además, sumaron más de 100 seguidores.

“En redes sociales no estamos haciendo un monólogo, sino un diálogo con la gente. Entonces tienen más confianza de nuestras recomendaciones que de un medio, porque saben que existe una vía de comunicación. De ahí su decisión.

No todo es miel sobre hojuelas

Muchos sueñan con convertirse en influencers sobre una determinada categoría como la moda, los videojuegos o simplemente por el estilo de vida. No obstante, son pocos quienes lo logran y, aún más importante, sobreviven. Max no es la excepción y, en su papel como Gastronauta DF, ha tenido que superar varios retos.

“La mayoría de la gente piensa que porque comemos, viajamos y vamos a varios lugares, tenemos una vida soñada, que es perfecta. Pero tiene sus retos. Uno de ellos es el cuerpo. Al final del día metes cosas al cuerpo y éste te lo cobra”, relata.

Además, menciona que hay gente que se molesta cuando se les rechaza una invitación. También, la resistencia y el rechazo por parte de personas del medio culinario y periodistas se suman a la lista de retos. Y no se puede olvidar a otros blogueros que realizan actividades parecidas.

“No todo es pastel y champaña. En este medio también hay algunos bocados amargos y hay que proceder con cuidado. Nunca imaginé que sería así, especialmente con algo que me parece muy personal. Pero sí he sido sujeto de ataques, calumnias y chismes que son injustificados”, continúa.

Aquí y ahora

Max es un tipo muy disperso al que le cuesta concentrarse en las cosas. Sin embargo, en el momento de probar algo, su paladar se despierta, todo en él se aterriza y por ese instante se concentra en el aquí y en el ahora. Comer y beber para él es viajar, buscar, explorar y encontrar nuevos sabores, abrir el panorama de sus experiencias.

Por eso, cuando va a un lugar siempre busca lo distintivo, algo personal y único. Max piensa que preparar un buen platillo es fácil, lo interesante es encontrar aquello que lo hace memorable. Todas sus recomendaciones se basan en encontrar esa característica, aquello que lo impresiona y que por lo tantopuede impresionar a los demás.

“Siento que los cocineros y los bartenders están contando una historia y yo soy un mensajero que la comparte, pero con sus propias palabras. Además, finaliza lo que yo le doy a la gente no queda en mí. Cada persona que me lee puede adoptar ese hallazgo como suyo”.

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