Charla con Everardo González:Hagamos un viaje por el ti

Por Irving Torres

Si existe una personalidad fuerte dentro del cine mexicano en la actualidad es la de Everardo González, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica donde estudiaba para ser cinefotógrafo, actividad que le dio el Ariel por “Backyard” de Carlos Carrera, pero quien se enfiló en los documentalistas, creando una carrera exitosa y reconocida. En el 2014 funda la productora Artegios y actualmente se encuentra inmerso en el estreno comercial de “La Libertad del Diablo”.

De actitudes duras, desconfiadas, poco a poco se abre cuando se charla con él, descubriendo que el enemigo no es el que se encuentra frente, dejando la desconfianza habitual ante un micrófono. Los invitamos a leer sus comentarios sobre el cine mexicano actual.

En ésta ocasión no fue un camino tan largo para el estreno de tu último trabajo, “La Libertad del Diablo

De hecho, ha sido el camino más corto que me ha tocado, prácticamente un año después, pero creo es una constante en muchas de las películas. Ahora un estímulo como EFICINE en la distribución ha ayudado a que películas que se estrenan en salas hayan sido producidas el año previo, a lo mucho dos años anteriores al lanzamiento comercial. Entonces sin ese estímulo sería muy difícil porque si no dependes de la voluntad del exhibidor y de su inversión directa en un mercado que ahuyenta la inversión, entonces eso es lo relevante. Lo que sucede con “La Libertad del Diablo” ahora que estrena después de haber hecho una gira por un año, no habría sido posible sin el estímulo fiscal para distribución de películas.

No sólo es la que el camino más corto ha hallado, sino que llega en un momento muy importante dentro de la política mexicana y que parece mandaste a hacer así el guión completamente.

Bueno sí. Es una película que llega en un momento de discusiones complejas, no solamente por la carrera presidencial, sino porque se discuten temas complejos como la Ley de Seguridad Interior, hay propuestas de otorgar amnistía, la creación de comisiones de la verdad, será un tema relevante en la agenda de los candidatos todo lo relacionado a seguridad interior, seguridad nacional, seguridad ciudadana, y espero que la película abone a que nos cuestionemos no solamente desde el ámbito de lo moral, sino del ámbito de lo ético-social estos temas, que no crucen por la ideología. Todo eso dependerá de si la película se ve o no se ve, si la película no se sostiene en cartelera, yo tengo confianza en que se va a sostener.

Seguimos esperando “El Paso”

El Paso” ya estrenó, es una película que tiene los alcances para el circuito cultural, no necesariamente sostendría su camino en las salas comerciales. El circuito comercial se ha vuelto un espacio muy complejo para el cine porque los lugares que habita son los de los centros comerciales y es muy difícil la gente se acerque, yo lo veo así, a ver una película como “El Paso” en un centro comercial. Esto no quiere decir que no me gustaría que así fuera pero soy realista, sí sé que es una película que no necesariamente quiere ver una familia. Pero en el circuito cultural, con esto me refiero a las Cinetecas, a las redes de circuitos alternativos de exhibición, la película sigue dando vueltas por el país. Entonces no tuvo una proyección mediática como la que está teniendo “La Libertad del Diablo” pero es que son películas muy distintas. Pero espero que el material físico de la película esté lanzándose en un mes (abril).

Everardo, vamos a hacer un viaje en el tiempo, quiero que recuerdes al Everardo que estaba estudiando, con cabellera larga, que estaba preparando “La Canción del Pulquey que veía a la industria en un plano muy ideal. ¿Cómo recuerdas ver la industria en esos años?

Era un momento idealista y no. Una de las razones por las que yo me dedico al documental fue la cerrazón que existía en la industria en ese momento. Era un periodo en el que se filmaban seis o siete películas al año, todavía se dependía mucho de los ejércitos cinematográficos, de la tecnología inaccesible, del material, del soporte fílmico para hacer películas, lo que implicaba presupuestos mucho mayores.

Yo me estaba formando como fotógrafo, no pensaba estar metido en la dirección y menos estar empujando una película para que se vea, mi deseo era fotografiar, corregir color, y presentarme en el estreno. Era una industria muy cerrada. Era un momento en que la oferta laboral, que era algo que para mí era muy relevante, porque yo nunca ha podido desconectar el oficio creativo con la posibilidad de ganarme la vida, era un momento muy cerrado, era videoclips o publicidad, y yo venía de una escuela muy comunista que me había dicho que la publicidad era el demonio y a mí me hacía un corto circuito fuerte.

Esa cerrazón que había de parte de las familias cinematográficas, era muy difícil entrar o ser parte de la familia cinematográfica, fue lo que a mí me acercó a hacer documentales, porque me di cuenta que combinaba lo que a mí me interesaba, que era el cine social,  me permitía no depender de los ejércitos cinematográficos y fue un momento muy relevante para la tecnología del cine mundial, los primeros ejercicios del cine digital, con eso se redujeron los equipos y permitió hacer documentales con acercamientos más íntimos, con la posibilidad de poder tomar más riesgos porque no había editoriales a mandato detrás, no había canales de televisión que estuvieran subvencionando lo que se hacía en el documental, entonces se convirtió en la posibilidad de trabajar en libertad. Y fue por eso. Y cuando la película estrenó, por la reacción que yo había visto en los festivales, yo no había entendido, era una época en que los festivales no eran muy relevantes, todavía no existía el primer Morelia, el festival de Guadalajara era la Muestra de Cine Mexicano, no existía esta cultura del festival más allá de Cannes, Berlín, que en ese momento eran prácticamente inaccesibles para los mexicanos, pues yo confundía y creía que las reacciones de los públicos de festival iba a ser la misma que la de los públicos de las salas comerciales y vinieron los primeros frentazos porque es un mercado completamente distinto.

El mercado de festival es un público cinéfilo que quiere sorprenderse con lo que va a ver y el público del mercado comercial es mucho más cómodo, busca algo mucho más cómodo, referentes más a la mano, sobre todo busca entretenimiento en el cine. Y nunca es lo que he hecho yo y entonces fueron los primeros encontronazos.

Ganas reconocimiento con “La Canción del Pulque y preparas “Los Ladrones Viejos” en un país donde levantar un largometraje en esos años era casi escalar el Himalaya en calzoncillos, no me imagino lo que era preparar un largometraje documental.

La obra de los cineastas va muy ligado al momento en la vida. “Los Ladrones Viejos” fue una película que a mí me permitió, por el momento de vida que tenía, por las responsabilidades económicas que tenía, que eran casi nulas, me permitía hacer procesos de investigación de largo aliento, viviendo del aire. Es muy difícil que hoy yo pudiera enfrentar un proceso de investigación como el de “Los Ladrones Viejos” y también era un proyecto que se pudo filmar con muy poco dinero, la película se hizo prácticamente con $300 mil pesos, después vinieron los procesos de postproducción, de ampliación a 35 mm, que involucraron más dinero y que se financió con una película de corte final lo que garantizaba que tipo de película era a la que se le invertía.

Era muy complicado porque todavía era un momento de mucho desprecio, no quiero decir que hoy en día se haya terminado, pero había mucho desprecio al documental, era muy relegado, y era visto por un espectador muy confundido, poco educado para ver documentales, con referentes muy televisivos, entonces era muy difícil porque lo mismo pasaba con los productores, al equipo de producción era muy difícil seducirlos con cero dinero y con cero posibilidades de crecimiento profesional porque iban a ser casi invisibles, pero yo creo que he corrido con mucha suerte, el documental no sólo depende del azar sino de la suerte,.

Creo que tomé el momento que me tocó, lo enfrenté sin mucha expectativa, lo cual también permitía mucha libertad, por supuesto que después de eso cambia, porque ya para esos momentos Morelia ya tiene un par de años siendo un Festival relevante para el documental y cortometraje, ya existe Ambulante que comienza a formar mejores públicos, DocsDF inicia también, buscando eso. Empieza una carrera con muchas voluntades que hicieron que el documental mexicano sea lo que es hoy, con el reconocimiento internacional que ha tenido y con un cambio de mirada de los espectadores promedio.

¿Qué tan complicado era que IMCINE y las demás instituciones te apoyaran y qué tanto ha cambiado hoy en día?

Había que pelearlo mucho. Había que convencer a los funcionarios públicos de que valía la pena invertir porque también para ellos, en ese momento, el documental era, bueno, el cine en general que no era comercial, era mal visto,yo recuerdo mucho en la época de “La Canción del Pulque” el escándalo de “Japón” (Reygadas), también gente como Carlos Reygadas tenía las puertas cerradas. Recuerdo que para buscar los $300 mil pesos que me faltaban para terminar “Los Ladrones Viejos” yo tuve que irme a pelear con quien entonces dirigía el Foprocine, pelear y pedir apoyo de quienes tenían el brazo más fuerte, alguien como Felipe Cazal, por ejemplo, que abogara por mí porque la película lo valía, pero los funcionarios entonces decían que eso no era cine, tuve que abrir mucho camino para hacerles entender que sí. También el mismo mercado del cine fue demostrando al funcionario público que ese cine era relevante.

Si fue muy difícil que lo financiaran, nadie creía en eso. Nunca me voy a olvidar cuando en la escuela, porque “La Canción del Pulque” era mi tesis escolar, llegaba a pedir evaluación, me decían que cuando durara menos de 15 minutos les avisara para que la vieran. Ese era el escenario, por eso considero que este es un escenario de obstinación, por eso yo tengo un profundo respeto por los creadores de documental porque siempre han tenido todo en contra, no somos la cara sexy del mercado, para nosotros la alfombra roja es prácticamente una contradicción, la visibilidad muchas veces lo es también porque ésta también te limita en el proceso creativo porque una de las cosas que te regala el anonimato en el documental es libertad creativa, no sólo con los productores sino con todo aquello que está siendo registrado y sería ser muy difícil ser una figura muy visible en medios y llegar a una comunidad a querer filmar de una manera silenciosa siendo reconocido por todos. Esa parte que nos lastima se ha vuelto para mí un beneficio porque incluso los productores al no entender muy bien –porque hay pocas certezas al hacer un documental- otorgan mucha libertad, no hay una planeación muy sólida, no hay fechas muy claras de rodaje, las condiciones de vida en un set de documental no son las de un set de ficción, difícilmente los productores vayan a acampar un mes, y básicamente te mandan con la confianza de que sabes que vas a hacer. Eso al inicio es doloroso porque te sientes muy solo en el proceso pero, a lo largo del tiempo, yo he visto eso como una virtud, eso al menos a mí me ha ayudado a trabajar con libertad, a experimentar, incluso a ser incapaz de verbalizar lo que quiero hacer, como en el caso de “La Libertad del Diablo” pero hay confianza, por la obra previa, de parte de los productores que dicen “no entiendo muy bien lo que está haciendo pero algo hará, habrá que confiar en él”, eso quita mucho la presión, es un medio que puede financiarse por etapas, que no necesita presupuestos blindados para filmarse, pero claro una vez que llegas al mercado te das cuenta de que esa virtud juega en contra: tú no tienes alformbras rojas porque no tienes un elenco que te llene la pantalla, porque siempre estarás al lado de los directores que sí hacen cine, aunque lo que hagas sea feo y sea malísimo, se vuelve sexy para toda la gente que la acompaña, y se vuelven menos incomodos porque una condición del hacer documental es que somos incómodos.

En tu caso que te has dedicado a hacer este cine de denuncia ¿cómo te ven los funcionarios? A fin de cuentashaces cine que evidencía la falta de algo del gobierno.

Habrá que preguntarles a ellos. Yo no sé si del gobierno, pretendo hacer un cine crítico, no necesariamente contra el gobierno sino contra la sociedad, no es un empeño pero como sí es un registro de la realidad, me toca filmar esa realidad en América Latina en su mayor parte, entonces no es que uno ponga mucho empeño para mirar los temas de desigualdad, inequidad, injusticia, impunidad, corrupción, por el escenario que yo filmo, y eso a la larga se vuelve incómodo, porque si creo que el cine que filmo corresponde mucho a cómo soy, y siempre soy rijoso, aunque termino siempre medio querido por muchos, nunca es personal, es contra un sistema que está equivocado en mi opinión, contra una estructura que hace agua por todos lados, y aunque a veces los mismos funcionarios sean gente cercana, cuando termina la función somos amigos, muchos de esos cuestionamientos no son en el ámbito personal sino contra la estructura que representan y ni modo, eso también significa ser funcionario público.

Hablando de funcionarios públicos, llega un momento en que te invitan a participar en la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas

Eso no es un funcionario público

Lo sé, me refiero a que al final de cuentas ahí estas trabajando para tus compañeros,, ¿en qué cambió tu visión de cómo se manejaban las cosas dentro de ella cuando entraste?

La AMACC es una Asociación Civil, hay mucha confusión al pensar que es un organismo público cuando no lo es.

No lo paga el gobierno

Exactamente. Es una organización civil y cuando yo fui invitado hace muchos años, en el 2007, era una Academia mucho más pequeña que respondía al momento de la industria que existía entonces, por supuesto gran parte de lo que quería trabajar ahí era que la Academia responda al momento de la industria que tenemos hoy. No es lo mismo tener una Academia donde el volumen de películas que se van a valorar son 10, al momento en que son 150. ​Es muy complejo. Y tampoco es lo mismo una industria que está formada por 100 a una industria donde tienes a más de 500.

Para mí ha sido interesante por muchas cosas. Primero ha sido un privilegio porque se vuelve un espacio de encuentro con muchas disciplinas y muchas visiones, porque eso tiene la AMACC, quien pertenece a ella no es por sus filias políticas sino porque ganó un Ariel, entonces muchos son priistas, otros medio morenistas, otros apolíticos, hay de todo y eso es muy rico, lo que si me ha dado cuenta es que somos un gremio poco solidario, y gran parte de los problemas que cargamos y le achacamos al Estado como ese ente abstracto, son en realidad responsabilidad nuestra como comunidad.

Somos una comunidad que se mira mucho el ombligo, que no es una condición exclusiva de los miembros del cine sino una crisis de la sociedad de hoy, el culto al individuo, el culto a la personalidad, eso es algo que en ésta comunidad padecemos, y una parte de los problemas que enfrentamos como los de exhibición, entender el cine como un bien intangible que no necesariamente puede ser siempre tasable en moneda, nos lo hemos ganado nosotros porque no cerramos filas, porque normalmente quien va tomando poder va debiendo favores, porque enfrentarse a ese sistema significa enfrentarse con aquel al que le pedí favores, somos una sociedad y un gremio muy adolescente, nos tienen que decir que hacer, si no, no sabemos para donde movernos, nos da miedo enfrentarnos con nuestros papás porque nos van a quitar el coche, porque nos van a quitar permisos, nos van a negar la sala, o nos van a negar el presupuesto, o nos van a negar la pulsera de acceso a la fiesta, así de simple, y eso es lo que nos tiene fregados porque todo mundo se queja en pasillos pero cuando hay que dar la cara para exigir gremialmente condiciones más justas, hacer entender que detrás de esto hay cientos de personas que se ganan la vida, que no es como nos ve mucha gente, vividores del Estado, como si el fondo de pensiones no lo fuera, es culpa nuestra también, no todo es responsabilidad del que gobierna.

La Academia ha sido un espacio, por lo menos para mí, un espacio para discutir estas cosas, más allá de discutir la calidad cinematográfica, que es muy cuestionable porque es indefinible, subjetivo, se vuelve un espacio de vinculación política entre gremios y eso es lo que yo aprendí en ella: para hacer cine hay que entrarle a hacer política también antes de buscar mejores condiciones.

Hablando de condiciones el gran problema que se enfrenta en México ahora no es la producción sino el de la exhibición, como documentalista como ves esta condición para tus trabajos

Ha cambiado mi manera de ver las cosas, creo los grandes problemas de exhibición no sólo le competen al exhibidor. Creo algo que enfrentamos cineastas como yo es que nuestro público inmediato es uno formado con la televisión, yo diría que un público bastante ignorante, como lo es éste pobre país, entonces quien no sale en la televisión no existe y contra eso vamos, el espacio de exhibición masivo es el centro comercial, y la puerta de lo que para nosotros es un recinto muy místico, para el común denominador de quien visita un centro comercial es la puerta de al lado de la zapatería, entonces a lo que va es a consumir películas, no a ver cine, y ese es el mercado que nosotros enfrentamos. Si a eso le sumas los favores, si quieres las extorsiones que tienen los exhibidores con las majors gringas, se hace mucho más complejo todo, por eso lo único que puede cambiar esto es entender el cine como un medio para generar más identidad, un medio para educar, en Estados Unidos uno de los mercados más fuertes para el cine independiente es el mercado académico, el circuito académico, que es donde realmente se hacen los números, y si no entendemos eso, difícilmente el empresario, al que básicamente le importa ganar dinero, lo va a ver así. Es un sistema equivocado, es un sistema que descobija las cosas relevantes porque su razón de ser es generar riqueza y no conocimiento. Y eso es lo que nosotros enfrentamos. Como funciona el exhibidor es una consecuencia del tipo de sociedad en la que vivimos.

Tu cómo ves el straming, Netflix y demás

Bien si te toma Netflix, mal si no te toma. Todo es muy peligroso cuando sólo hay dos jugares en el mercado, si sólo son Netflix y Amazon, en primera ninguno es mexicano. Segunda el mercado es latino y sólo les interesan los temas que quieren el mundo vea de América Latina, si no hay putas, narcos, balazos, no funciona, no le interesa a nadie un mexicano yendo a filmar películas a Mongolia, eso es exclusivo para los europeos, ellos están dictando lo que el mundo va a ver, de alguna manera ha hecho más flojos a los agentes de ventas porque solo quieren hacer una venta con Netflix en todo el mundo, con eso cierran su inversión y colocaron su película para que se vea en todos lados, pero eso va a depender de las cuatro cabezas que toman las decisiones de programación de Netflix o las de Amazon, entonces es siempre peligroso porque el criterio de esas cuatro cabezas no necesariamente responden a la visión del mundo y a la grandeza del cine, entonces nosotros seguimos engañados por la idea de consumo y creemos que por tener acceso a lo que ellos nos dicen que son las recomendaciones, porque eso es lo que vemos,  conozco a pocos que se meten realmente a navegar a ver que hay, lo que existe en las recomendaciones es lo que la gente ve aquí y en todos lados, entonces llevar a la gente al espacio sale tan caro como llevar a la gente al cine, quizá no en el medio de producción pero si en la posibilidad de que el otro te vea, porque hay que pagar publicidad, hay que hacer que tu sitio este encima de todos, lo vemos con FilminLatino, que si uno se mete al catálogo ve cosas increíbles pero si uno lo contrasta con los números, te das cuenta de que la gente no quiere ver eso. El streaming está bien pero no es tan democrático como nos lo vendieron porque en países como México donde la banda ancha es nula, donde subir una foto a un correo es complicado, ver una película, olvídate,, y lo que te queda para que se vea decente son estas dos opciones y entonces a quien le interese verle y oírle bien solo verá estas dos opciones, y a veces, algunos como yo, nos meteremos de vez en cuando a FilminLatino a ver a Kurosawa, a ver a Lucrecia Martell, Pablo Trapero, que no están en Netflix. Es como un nicho dentro de un nicho.

Que lecciones te ha dejado tu carrera ahora con el estreno más corto de tu carrera con “La Libertad del Diablo

Primero hay que entender que esto es una espiral, he tenido la fortuna de hacer películas que conectan mucho con la gente y otras que no, me ha enseñado a ponerle fe a la película que se está haciendo en ese momento y a cerrar pronto la anterior. Otra gran ventaja que tengo es que yo si tengo que vivir de esto, no tengo otro ingreso, no tengo herencia, yo no me puedo dar el lujo de no producir, puede ser agotador pero si te permite desapegarte rápido y no vivir cargando siempre la obra más importante porque entonces yo quizá me hubiera quedado con “Los Ladrones Viejos” que es la obra que mejor conecto con el espectador promedio y me hubiera perdido, más allá de lo que eso significa para mi carrera, la experiencia de vida de hacer las otras películas. ¿Qué lección me ha dado? Que el cine es una experiencia de vida y que eso es lo que desde este lado debería de ser lo fundamental, que sea un placer, por supuesto hay cineastas que buscan más el mercado y hacen películas para el mercado pero no es mi caso,  lo que más aprecio y más he aprendido es que cada película tiene que ser una experiencia de vida intensa y que no hay que creérsela tampoco mucho porque cada año viene un relevo más sexy de lo que uno fue en su momento, porque también el mundo global va haciendo mucho más visibles nuestras películas, la entrada de paisanos en la industria fuerte hace que se mire el cine mexicano con otros ojos, y que quizá los más jóvenes tendrán más privilegios que los que yo tuve cuando empecé, por eso hay que tener muy claro lo que es de uno para tampoco ser un egoísta absoluto y no compartir nada con la generación nueva, y tampoco comérsela completa porque esto es un sube y baja, hoy me toca estar en una posición buena y estoy muy contento con eso, porque no creas hacer una sexta película, yo se hay cineastas que tienen 80 pero para mí tambiés era un riesgo porque se generan expectativas en torno a lo que haces, porque hay gente que pone más riesgos y eso es un peso en la espalda fuerte, no quiero pensar lo que le significa eso a gente como Cuarón, Del Toro, Iñárritu, que tienen miles de millones de dólares en la espalda y que tienen la certeza de que sus películas serán muy vistas. En el caso modesto de lo que me toca a mí, hacer una película como esta me  orgullo porque vi que era capaz de tomar riesgos, de probar cosas nuevas, de no dormirme en los laureles, y comprobar, una vez más, de que el cine se hace trabajando, que todo lo que pasa en los medios, en la alfombra, en las fiestas, es sólo una recompensa pero el cine es de bota enlodada, no de esmoquin y zapato de charol.

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