Joaquín Cosío, ni una mascarita ni un cochiloco

Uno de los actores emblemáticos de ésta etapa del cine mexicano es sin lugar a dudas Joaquín Cosío, quien tiene la fortuna de haber creado dos personajes icónicos dentro de la cinematografía nacional sin haber sido encasillado por ello a hacer eternamente este tipo de personajes. Verlo llegar para charlar con él puede resultar intimidante por su físico, por la rudeza de sus personajes, por lo que nos transmite en pantalla, pero cualquier expectativa se tenga al respecto se puede ir al olvido al momento te estrecha la mano, con una calidez que tranquiliza, y al charlar pronto uno puede darse cuenta de que esta frente a un ser humano excepcional.

Me gustaría iniciar esta charla con que te conocemos como un actor de cine rudo, pero acabas de publicar el año pasado un libro de poesía. ¿Cómo surge esta parte?

Es una disciplina que practico casi a la par que la actuación. Yo empecé a actuar y escribir prácticamente al mismo tiempo, alrededor de cuando tenía 18 años, entrando en la Universidad. Es una actividad que practico desde hace tiempo, pero era una actividad muy íntima, muy personal. Estuve en un taller literario en Ciudad Juárez que promovía el INBA, en una época que había muchos talleres literarios buscando provocar y estimular a los jóvenes escritores y yo pertenecí a una generación. Estuve cerca de tres años en un taller literario, una de las experiencias más importantes de mi vida, y a partir de ahí tengo y sostengo una carrera como escritor. Este último libro, que es el que más se ha dado a conocer, en realidad es el tercero. Tengo dos anteriores y una obra de teatro publicada.

Tengo una actividad como escritor que ha sorprendido a bastantes amigos, y al público, sobre todo, y que es una labor tan seria como la actuación.

El ser poeta, el haber tenido esta formación te marca como actor.

Sí, de alguna manera.

¿Qué te ha aportado para tu carrera?

Yo no estudié teatro, no estudié actuación, estudié ciencias de la comunicación y estuve en ese taller literario por tres años, y fue más que un acercamiento a la literatura, un acercamiento al arte, a las nociones de creación, a las nociones de crítica sobre el aspecto creativo, para mí, fue un descubrimiento y una introducción al mundo del arte contemporáneo, a la discusión sobre lo artístico, esto se lo debo a mi maestro David Ojeda, que falleció en el 2016, y a toda una generación de escritores con los que crecí.

Dentro de esta noción del hecho artístico esta lo escénico, lo teatral, por lo tanto, interpretar personajes puede tener nexos con cualquier otra actividad creadora, es decir, la imaginación, la crítica, la búsqueda de la belleza, de la expresión. Mi experiencia como actor le debe bastante a esta experiencia literaria.

En qué momento te invitan a participar al teatro

Fue de una manera muy casual, mi primera experiencia ocurrió en la preparatoria, antes de que entrara a la Universidad, y ocurrió como pasan las cosas, de pronto, yo era un joven bastante tímido y tenía un amigo a quien apoyaba en todo lo que hacía, mucho más audaz que yo, mucho más extrovertido, y un día me dice “Hay un taller de teatro, vamos”, francamente, yo no había tenido hasta ese momento ninguna experiencia, ni como espectador, en el teatro, y lo acompañe.

Era un taller estudiantil, con el maestro Enrique Centeno, en Ciudad Juárez a principios de los ochentas, él era un joven entusiasta que se le ocurre proponer a la escuela un taller y ahí montamos una obra, fue mi primera experiencia y de alguna manera me marco porque la disfrute. La disfrute y pasó todo tan rápido, hicimos algunas funciones en un pequeño teatro que ya no existe, un teatro de esos viejísimos, con escenario de madera y una concha para el apuntador, un teatro bellísimo, que terminó siendo como la mayoría de los espacios de este tipo una tienda de electrodomésticos.

A raíz de ahí me quedó la sensación de haber participado en algo que me había gustado. Terminé la preparatoria y busqué talleres, me metí hasta el Seguro Social que estaba muy cerca de mi casa y donde había un taller con el maestro Francisco Estrada, en él estuve un tiempo, luego entro a la Universidad y ahí aparece quien sería mi maestro, un director con el que hice buena parte de mi trabajo, quien me enseño mucho sobre el hecho teatral, Octavio Trías, quien apareció promocionando un grupo de teatro, con él la experiencia fue muy distinta, encontré un director al que le interesaba algo que también me interesaba: la realidad. Pero una realidad como la que tenemos en la calle, no una costumbrista, no disfrazada de belleza falsa, un director con el cual coincidí.

Ahí comienza realmente mi carrera como actor, empezamos a hacer teatro, a ser reconocidos, me empezaron a invitar a muchos lados, acabamos yendo a las muestras nacionales de teatro, ahí cambio mi vida.

De esos papeles ¿cuál es el que más recuerdas?

Tengo una obra, que fue una de las primeras, “El Cuento del Zoológico” de Edward Albee, un texto del realismo norteamericano, esa obra la hice muy joven. Y otros papeles, como “El Tuerto es Rey” de Carlos Fuentes, donde hice el papel de un ciego y con el que gané un premio en el estado de Chihuahua. Hay varios papeles, pero recuerdo algo en particular, que éramos tan jóvenes que al mismo tiempo éramos tan audaces, que podíamos hacer cualquier papel que nos dieran sin importarnos nada.

En el 2002 entras al cine, con “Una De Dos” de Marcel Sisniega, ¿cómo fue ese paso del teatro al cine?

Fue un encuentro accidental, yo ya estaba en el Distrito Federal, pero vine a hacer teatro, llegué por invitación de la Compañía Nacional de Teatro, por el maestro Luis de Tavira, y mi proyecto inmediato era hacer teatro, era lo que estaba buscando y lo que empecé a hacer, y de pronto me invita Alejandro Caballero, hermano de un director muy famoso, Pepe Caballero, él me ve en una obra y me invitó a un casting, yo fui, no sabía nada de lo que era un casting, hago lo que me indican, y me quedo. El personaje obviamente era un norteño, el tío de Tiare Scanda y de Erika de la Llave, un papel que hago a ciegas, el director era Marcel Sisniega, una experiencia muy interesante y divertida, y comenzaron a aparecer otros castings, me comencé a quedar hasta que aparece “Matando Cabos”.

¿Cómo es el choque de un actor con la formación teatral que traías con la actuación cinematográfica?

Pasé por lo que pasa todo actor de teatro que hace cine, que el director nos dice siempre “bájale un poquito, bájale, bájale, bájele” porque evidentemente la formación teatral hace que tu experiencia se desarrolle frente a otro público, uno que está en vivo, con el que tienes que utilizar recursos expresivos que no tienen nada que ver con el cine. De alguna manera no fue tan violento ese encuentro con el cine, fue bastante amable, fue divertido y tuvo mucho que ver con Marcel Sisniega, un director al que recuerdo con bastante agrado.

Viene “Matando Cabos” que de pronto viene a revolucionar lo que se estaba haciendo en el cine mexicano, una película de iniciativo privada, en la que aparece un personaje que se vuelve icónico en tu carrera y con el que por muchos años se te identificó, “El Mascarita”. ¿Qué recuerdas de la creación del personaje?

Mi experiencia en cine había crecido, ya había tenido algunas participaciones pequeñas, “Sin Ton Ni Sonia”, “El Tigre de Santa Julia”, los cuales ya me habían familiarizado con el cine. Recuerdo el gran consejo de Jesús Ochoa, a quien alguna vez le pregunté ¿qué onda con el cine? Y él me dijo: “Tu relajadito, y, sí tú ves la cámara es porque la cámara te está viendo”. Esas fueron las premisas con las que yo me empecé a mover en el cine. Me quedó en “Matando Cabos”, fui al casting y uno de los actores que estaba haciéndole, llamado por los productores era Jesús Ochoa, y me quedo con el personaje.

Si algo recuerdo es que el personaje me encantó, mi infancia la viví jugando con los luchadores de plástico, teniendo como héroes a “El Rayo de Jalisco”, a “El Santo”, mi infancia estaba vinculada a éste universo de héroes enmascarados, cuando me llega “El Mascarita” me dije “que cosa tan bonita” y aparte el guión era buenísimo, de una manufactura que uno podía entender, muy bien escrito y dialogado. A la par de “El Mascarita” me llegaron otras ofertas, “Zapata”, “Barbacoa de Chivo” segmento de “Cero y van Cuatro” y me decidí por “El Mascarita” porque a pesar de las advertencias de mis amigos que me decían, “este es un grupo de productores que nadie conoce”, “es una Opera Prima”, “los chavos están muy locos”, “es su primer producto y ‘Zapata’ es de Arau, la producción gigantesca”, yo dije, me quedo con el luchador, es entrañable, me gustó, tiene esas características que me gustan, es violento pero es todo un caballero. Si de alguna manera la gustó a la gente es porque me gustó a mí antes que a nadie.

Pasaste de ser un actor reconocido en el circuito teatral a ser un actor mediático en ese momento. ¿Cómo impacta esto en tu vida?

Ahí empezó el cambio de mi vida privada, de mi vida personal, desconocida para todo el público, empezó a cambia rápidamente. Una breve anécdota, que fue cuando yo comencé a darme cuenta de que algo cambiaba, una de las primeras cosas que me pasó fue en el metro, yo tenía que caminar de una estación a otra, y note que unos policías me veían, y que caminaban sigilosamente detrás de mí, lo noté y me dije “me van a pasar algo” porque avance y avance y ellos venían detrás, muy sospechosos, me di un giro rápido para confrontarles y ellos me dijeron “¿nos puedes regalar una foto?”, ese era el motivo de acecho.

Ha significado un arduo aprendizaje, el que la gente me reconozca en la calle es grato, que tu trabajo continúe en la memoria de la gente es algo de lo que uno debe sentirse muy orgulloso, porque no es uno sólo sino varios. Hay que aprender a relacionarte con el público, quien es el que te da un lugar en su preferencia y por lo tanto la industria lo entiende y tu trabajo puede crecer, pero hay que aprenderlo, porque tu vida pública se altera, no puedes salir a un restaurante sin que te pidan fotografías, ya no puedes andar tranquilamente en la calle, yo lo hago hasta este momento, es algo que he podido controlar y que he podido sobrellevar bien, he tenido pocas experiencias donde la gente se molesta porque no puedo darles una fotografía en ese momento, dos o tres donde se molestan mucho, la gente se enfurece si les niegas una fotografía, aunque estés con la cuchara de sopa en la boca y ellos lleguen en ese momento a decirte “me regalas una foto”. Hay que saber y entender que la gente lo hace de una manera amable y generosa y hay que asumirlo.

Hagamos un salto en el tiempo, hace un par de años le das la vida a un entrenador de luchadores en la serie de “Blue Demon”. ¿Cómo te sentiste dando vida a este personaje mítico?

Fabuloso, también es algo que me gustó mucho. Ese es un universo que está muy vinculado a mi infancia porque vi las películas de “El Santo” de “Blue Demon”, si ahora la infancia está marcada por los aparatos electrónicos, la mía fue marcada por la lucha libre, esos eran mis héroes, eran con los que yo jugaba, con quienes imaginaba ese universo. El profesor Vera, interpretarlo, grabar en un gimnasio todos los días con este papel de maestro de “Blue Demon” fue una experiencia muy grata. Me divertí al actuar junto a Tenoch Huerta, Ana Brenda Contreras, esta jovencita tan talentosa, de nueva cuenta me vi inmerso en este universo de la lucha libre.

En la serie se nota que estas gozando el personaje

Como te decía, antes que nadie, yo soy el primero que debo divertirme, es una premisa de todo actor, si tú te diviertes, el público se divierte, así que yo no puedo más que divertirme mucho y estar en esa experiencia de rodaje, tener de director a Mauricio Cruz, un director estupendo, con todo el equipo de Teleset, quienes fueron los que produjeron, me hicieron la experiencia sumamente grata, más grata de lo que ya era.

Regresemos en el tiempo, pasa el boom de “Matando Cabos” y de pronto llegas a una película completamente opuesta, tanto en trama como en producción, “La Sangre Iluminada

Oh sí, “La Sangre Iluminada” es una película que yo quiero enormemente, una película que casi nadie vi, por cierto, no fue una película que tuviera un impacto mediático, una obra de autor, de esos escasos productores que se preocupan por proyectar un universo personal, un universo creativo en el cual ellos creen, ese es el caso de Iván Ávila.

En esta cinta viví una experiencia muy entrañable, me llama y leo el guión y el guión me gusta mucho, e Iván es un director estupendo, realmente un artista en el sentido más amplio de la palabra, no se queda nada más en la experiencia del cine. Él de pronto comenzó a decirme “Tú lees poesía, ‘La Sangre Iluminada’ es un verso de José Carlos Becerra”, le dije “Yo lo conozco, lo he leído”, no recuerdo si le dije que yo escribía, como te decía no es algo que ando diciendo, prefiero guardarlo en secreto, yo efectivamente conocía bien la obra de Becerra, por lo menos su libro fundamental, “El Otoño Recorre las Islas”, y comenzamos a dialogar a través de los versos del poeta. Mi experiencia fue sumamente agradable, además de hacer cine estaba vinculado con este joven director a través de la poesía, la cual era una experiencia muy disfrutable para mí.

La Sangre Iluminada” es una cuestión poética visual, muy fuerte realmente.

Efectivamente. Es un trabajo de este joven autor, quien es muy interesante, asistente de Arturo Ripstein, quien tiene una sabiduría innata y unas aspiraciones estéticas que no son comunes en el cine nacional.

Vienen más películas, “Arráncame la Vida”, “Rudo y Cursi” pero viene una película que hace que la crítica pop mexicana, aquella que busca el reflector en el artista, se sorprenda, te llaman para salir en “Quantum of Solace”. ¿Cómo fue el acercamiento para esta producción británica?

Aquí sí ese adagio de cuando te toca, te toca… había trabajado con Carla Hool, una agente de casting que en esos años estaba en México, ahora está en los Angeles, es una de las oficinas de casting más importantes en Hollywood, Yo la conocía, una mujer muy inteligente, y me llama para decirme que si hacía un casting, que era en inglés, yo le dije que mi inglés era pésimo (a la fecha), que me costaba trabajo hacer castings en inglés, pero ella me insistió y fui a hacerlo, los factores se fueron juntando, tuve un llamado nocturno el día previo de mi llamado, a las nueve de la mañana tenía que estar haciendo el casting, entonces me fui sin dormir, pero en ese llamado nocturno estaba José Sefami, actor notable y amigo mío, quien llevaba las líneas, él iba a castear por el mismo personaje, y me las presto, estaba ahí una amiga que habla varios idiomas, le pedí me las leyera, me los tradujo, medio los estudie, llegue al casting sin memorizarles, pedí disculpas, les dije “perdona pero no me dio tiempo de memorizarles, perote los leo”, para mí era la primera vez que iba a leer en un casting, tal era mi desapego a ir, lo leí y así quedo. Me fui a las nueve de la mañana a dormir, dos o tres semanas después me llama Carla y me dice que me había quedado con el personaje, yo no siquiera me acordaba del personaje, me dice que el de James Bond, yo ni siquiera recordaba que era, ¿un guarura? ¿un guardaespaldas? Yo tenía la idea de que era algo así, hasta que me llegó un correo donde me llega el boleto para ir a Londres, a una entrevista con el director, ahí me di cuenta de que iba en serio.

Seguramente fue una experiencia muy distinta a la de filmar en la Ciudad de México

Totalmente divertida, yo lo tomé con la actitud justa, es decir, cuando de pronto empecé a darme cuenta de iba en serio, que era James Bond, la saga más importante del cine, etc, con actores británicos, me ganó el entusiasmo más que los nervios que pudieran darme. Me dije: “¿por qué me voy a poner nervioso? ¿Por qué mi inglés es muy malo? Yo no pedí estar en la película, ellos son los que quieren que yo esté. Yo me divertiré y aprovecharé lo que se pueda aprovechar”, y con esa actitud me fui, y con esa actitud hice la película y disfrute mucho la experiencia.

Después de esto viene el papel que te consagra frente a la audiencia, no sé si decir es tu bendición o tu maldición actualmente, hablo de “El Cochiloco” de “El Infierno”. Para este momento ya tienes la posibilidad de elegir a los personajes, de irlos buscando,

De alguna manera sí.

¿Qué te atrapó del Cochiloco?

En primer lugar, es una bendición, no es para nada una maldición, no me encasillo en ningún tipo de personaje, me he podido liberar de las posibles réplicas.

Me gusto todo, en primer lugar, me estaba llamando Luis Estrada, de quien yo había visto “La Ley De Herodes” y “Un Mundo Maravilloso”, yo sabía que él significaba de entrada una historia formidable, reflexiva y crítica sobre el país y eso siempre me gusta, además significaba un gran elenco, porque Luis Estrada trabajaba, en lo que había visto, con los mejores actores, por lo que no pude más que brincar de emoción cuando me invita. Cuando leo a “El Cochiloco” me dije que no me podría ir mejor, que mejor experiencia, mejor regalo para mi carrera, que él me llame para hacer ese personaje, y cuando me entero que voy con Damián Alcázar y toda esa gama de actores, como Evangelina Pelayo, Isela Vega, toda esa pléyade de grandes maestros, a los que yo veía cuando estaba en Ciudad Juárez, y yo había empezado mi carrera tarde, alrededor de los cuarenta años, por lo que tenía viendo cine desde allá y conocía buena parte de la carrera de estos actores tan distinguidos, y yo no había pensado en estar con ellos, mi carrera era de teatro, no cinematográfica.

¿Qué significó? Por un lado, toda la gran experiencia cinematográfica que me planteaba, la dirección de Luis Estrada, que era un reto el estar con uno de los directores más importantes y rigurosos de México, adentrarme en ese tono complejo que tiene, por otro lado, el trabajar con actores de primer nivel, grandes maestros, además el regalarme un personaje maravilloso. ¿Dónde distingues un personaje? En el guión, en la manera en cómo dialoga, en las experiencias y situaciones que le suceden. “El Cochiloco” era un regalo obviamente. Un gran regalo y un gran reto porque era decir “Dios mío voy a trabajar con Damián Alcázar”, para mi fortuna, con las ganas de divertirme acepté gustoso a lo que me regalaba Estrada con “El Infierno” y me divertí y la disfruté y la gente se divirtió claramente.

Recuerdo esa entrega del Ariel, cuando estabas nominado, era uno de los premios más cantados esa noche, y recuerdo que ibas con incredulidad de que te lo ibas a llevar, recuerdo tu entrada a la sala de prensa con el Ariel en la mano, todavía con esa sorpresa en el rostro, ¿qué significó para ti el Ariel?

Fue una presea que nunca pensé en ganar, codiciada, deseada, pero que nunca pensé en tenerla en mi mano. Yo ya había sino nominado por “El Mascarita” y con eso ya tenía más que suficiente, ya me sentía en la gloria cuando con una carrera tan breve en el cine, me nominan para el Ariel, yo pensaba hasta aquí llegué porque es un reconocimiento de la Academia, de los grandes maestros, y de pronto me lo gano. Cuando recibo el Ariel no podía, efectivamente, creerlo, estaba yo más que incrédulo recibiendo mi presea.

Significa un reconocimiento a tu trabajo que haces de una manera tan íntima, es un trabajo tan personal, claro, al final es público, es masivo, pero tu actúas en soledad, en silencio, construyendo tu fantasía, dándole paso a tu imaginación, y que ese trabajo lo reconozca la Academia, es algo que a la fecha me tiene muy orgulloso.

Eres un actor que ha hecho muchos papeles de duro en comedia, pero hace unos años te llaman para un papel muy importante que es el de “La Delgada Línea Amarilla” donde recuperamos una parte del drama que se había quedado de lado en tu carrera.

Bueno, “El Infierno” tiene un drama terrible en tono tragicómico. “La Delgada Línea Amarilla” es otra gran película, otro gran guión, y es otra Opera Prima, esta de Celso García, y es también un reencuentro con mis grandes amigos, trabajo de nueva cuenta con Damián, con Silverio Palacios, con Gustavo Sánchez Parra, con Fernando Becerril, una serie de actores que admiro y que tengo la fortuna de que son mis amigos. Se vuelve a plantear estos constantes regalos que me ha dado mi profesión, una experiencia afortunada y con un guión estupendo, con una producción de Guillermo del Toro. Y después de verme en “La Delgada Línea Amarilla” me llama para “The Strain” con un personaje precioso de nueva cuenta, un luchador.

¿Qué podemos esperar de Belzebuth?

Una joya. Yo creo que pueden esperar una muy buena película, Emilio Portes me parece otro de los grandes directores jóvenes mexicanos. Tengo la fortuna de haber trabajado, a reserva de los grandes maestros, Jorge Fons con quien trabaje en una telenovela, y bueno con Luis Estrada, Nacho Ortiz, Carlos Carrera, con muchos jóvenes, como Alejandro Lozano en “Matando Cabos”, el ya mencionado Iván Ávila, y he trabajado con otros jóvenes talentos, pero Portes es uno de los grandes del cine mexicano, es un guionista formidable, con “Pastorela” se llevó doce Arieles, y ahora “Belzebuth” que es de él, revive esas atmósferas que ya vimos en “Pastorela”, estas atmósferas sobrenaturales, pero ahora en un tono realista, una historia de posesión demoniaca en un universo de narcotráfico y violencia fronteriza. Yo creo que “Belzebuth” va a ser un gran éxito. Es otra película de la que me siento muy orgulloso, porque haber trabajado ese personaje, alguien tan rudo como yo, tan corpulento, y ser poseído por el demonio y hacerlo real… me divertí increíble. Auguro va a ser un gran éxito.

Para finalizar, ¿cuál es el futuro que ves para el cine mexicano?

Yo lo veo bastante promisorio, y aunque debería haber más definición de parte de los programas de cultura que traerá el nuevo gobierno, me parece que podemos esperar cosas interesantes. Vivimos un momento muy importante, donde hay nuevas generaciones de actores, directores, guionistas. Además, esperaría yo un buen momento en relación al estímulo que pueda tener el Estado mexicano para la producción cinematográfica mexicana. Es una industria que siempre tiene problemas, que tiene enemigos radicales y rotundos, el cine de Estados Unidos, pero yo creo que viene un momento interesante ante las posibilidades de un Estado mucho más consciente del trabajo artístico de los mexicanos y yo creo podemos esperar un gran momento.

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