Fabio Morábito recibirá el premio Xavier Villaurrutia por su novela ‘El lector a domicilio’

Fabio Morábito (Alejandría, 1955) no usa el mismo sendero cuando escribe prosa que cuando reescribe poesía. En uno camina sobre un trayecto de metáforas y belleza; en otro avanza sobre un surco de prosa seca. Así lo describe el narrador, poeta y ensayista que hoy recibirá, a las 19:00 horas, el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Durante la entrega, el autor de poemarios como Lotes baldíos hablará sobre el estilo literario y la corrección de estilo. “Voy a leer un pequeño texto que preparé sobre una cuestión que siempre me ha llamado la atención: el estilo, un término que ha pasado en desuso desde hace años y sobre el que cada vez es más difícil de hablar o se habla superficialmente”.

Y aunque insiste en que no será una amplia reflexión, sí reconoce que es un tema que le inquieta. “No es que yo vaya a hablar profundamente, pero sí me interesa poner atención en ese término que ha sido un poco desatendido, incluso despreciado”.

¿Eso no tiene que ver con la corrección de estilo?, se le pregunta. “Sí tiene que ver, porque éste se construye a partir de muchas correcciones. Uno construye su estilo corrigiendo, quitando, agregando, aunque la expresión ‘corrección de estilo’ suena pomposa, porque pareciera que los correctores tienen varita mágica para hacerlo, aunque el estilo… es incorregible, es tan personal que sería como corregir a la persona. De eso hablaré en mi breve intervención”, apunta en entrevista telefónica.

¿Cuál es su opinión sobre los premios?, se le pregunta al también ensayista. “Le mentiría si le dijera que me son indiferentes. Los premios siempre nos dan gusto cuando se ganan bien, cuando uno se entera de que el jurado tiene escritores que uno respeta mucho.

Los reconocimientos siempre son bienvenidos, sobre todo en una actividad tan ingrata como la de escribir. Escribir en un país donde se lee tan poco, aunque el verdadero reconocimiento te lo dan los lectores. Pero como son tan pocos, a veces redondea la alegría de un premio que, finalmente, es la prueba de que a uno lo están leyendo”.

¿De alguna forma son un incentivo? “Digamos que recibo los premios con mucho placer, pero también es cierto que no me cambian, en absoluto, la vida. Y no sólo a mí, sino a la mayoría de los que se lo ganan. Uno finalmente escribe porque le gusta escribir o porque está condenado a hacerlo o porque no sabe hacer otra cosa mejor. Yo seguiría escribiendo, aunque no ganara ningún premio. Hay que tomarlo como un regalo, algo inesperado que nos da alegría, pero que finalmente no cambia fundamentalmente nuestra relación con la literatura”.

¿Qué lo une a Villaurrutia? “Es uno de los poetas clave de la poesía mexicana. Personalmente lo he leído mucho. Quizá sea el poeta mexicano que más he leído y releído. Me da mucho gusto que ese premio que, como dices tú, tiene mucho arraigo, lleve su nombre. Aunque es cierto que pudo llevar el de José Gorostiza o el de Los Contemporáneos”, un grupo integrado por poetas y artistas como Gorostiza, Jorge Cuesta, Roberto Montenegro, Salvador Novo, Gilberto Owen, Manuel Rodríguez Lozano, Jaime Torres Bodet y el propio Villaurrutia.

Finalmente, cuando hablamos de Villaurrutia hablamos de Los Contemporáneos, poetas que pertenecían a un grupo, no porque lo quisieran, sino porque con el tiempo pertenecieron a una sensibilidad y a una forma de ver el mundo. De hecho, creo que es uno de los pocos grupos que podemos identificar con una estética propia y marcaron las generaciones posteriores”, expresa.

¿Cómo definiría a Villaurrutia? “Recuerdo lo que él decía en sus ensayos sobre Ramón López Velarde. Decía que había poetas más vastos y más vigorosamente dotados, pero nadie tan íntimo, misterioso y secreto como López Velarde. Yo creo que es una frase que se puede aplicar perfectamente al propio Villaurrutia.

Claro que hubo un Octavio Paz y un Jaime Sabines, un José Emilio Pacheco y un Eduardo Lizalde, y podemos decir que hubo poetas más dotados, vastos y complejos que Villaurrutia, pero nadie tan íntimo, misterioso y secreto como él. También podemos decir que quizá es más admirable Muerte sin fin que Décima muerte o más compleja la obra de Owen, pero no hay otro poeta tan emocionante como Villaurrutia. Eso decía Tomás Segovia y yo lo suscribo totalmente”.

Para concluir, Morábito habla sobre su exploración entre géneros: “Paso con dificultad de un género a otro y tengo muy consciente cuál es la diferencia y la separación entre éstos. Y cuando lo hago sé que es algo que hacen muchos escritores”.

Y añade: “Por supuesto, existe una zona híbrida donde el ensayo, la ficción y la poesía se mezclan de un modo extraño, a veces de un modo afortunado y otras veces no tanto. Pero creo que tampoco es tan original, porque sucede en la medida que nos quitamos ese mito de que un escritor tiene sólo una cara y, como tal, sólo puede cultivar un género.

Me parece que ésa es una restricción que le quita libertad a las diferentes personas que habitan en uno. Pero eso no sólo le pasa a los escritores, sino a todas las personas para que uno pueda pasar de una personalidad a otra, es decir, de un género a otro”.

¿Y cómo lo describiría? “Necesito escribir cuentos como necesito escribir poesía y estoy consciente de la diferencia de ambos. Sin embargo, evito que mis cuentos tengan prosa poética, es decir, acudo a una prosa seca, efectiva, eficaz y deshidratada, mientras en la poesía, si bien recurro a la narrativa, procuro no caer en una relación explícita de la narración. Así que cuando termino un libro de poesía, empiezo tímidamente a escribir cuentos, a ver si todavía me salen porque no es fácil pasar de un agua a otra agua”.

 

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