El calentamiento en los polos pone en riesgo, además, la supervivencia del permafrost, es decir, de la capa del terreno que está siempre congelada. Un posible deshielo de esta capa supondría la liberación de importantes cantidades de CO2, procedentes de la descomposición de plantas muertas atrapadas en el hielo, una vez salieran a la superficie. De ocurrir, los científicos calculan que se liberarían 1.500 millones de toneladas anuales de CO2, el equivalente a las emisiones de carbono procedentes de combustibles fósiles liberadas por Estados Unidos en todo un año.