Hablemos de Waiting for the Barbarians

Dada la localización ambigua y universal de una ambientación colonial sin nombre que sirve de frontera territorial de un “Imperio” también anónimo en la novela Esperando a los bárbaros, del ganador del Nobel J. M. Coetzee, resulta apropiado que esta haya sido adaptada a la ópera por un estadounidense (Philip Glass), y al teatro, por un ruso (Alexandre Marine). En cuanto a la versión italo-estadounidense, Waiting for the Barbarians [+], que se proyectó en la edición 2019 del Festival de Venecia, el encargado de la dirección es el colombiano Ciro Guerra (El abrazo de la serpiente), mientras que el propio Coetzee (de Sudáfrica) firma el guion.

Dividida en cuatro capítulos, cada uno con el nombre de una estación, la cinta comienza en primavera; el amable y bienintencionado magistrado (Mark Rylance) de un tranquilo puesto de vigilancia se dispone a recibir al representante imperial de un departamento envuelto en misterio, el Tercer Buró. El visitante es el coronel Joll (Johnny Depp, con pinta de supervillano prusiano, con sempiternas gafas negras), y ha oído rumores de que los “bárbaros” podrían estar preparando un ataque. Para arrancar de raíz la agitación, han de tomarse medidas inmediatas. El afable magistrado, que conoce bien a los “nómadas”, como él prefiere llamarlos, está convencido de que no hay nada de que preocuparse. Joll no está de acuerdo, en absoluto, y quiere llegar al fondo de la cuestión. Con “paciencia y presión”, todo volverá a la normalidad, asegura; “presión” es un eufemismo para la tortura, como pronto quedará bien claro. Y el magistrado también recibirá su parte, gracias, por un lado, a Joll, que se convierte en su némesis, y su igualmente siniestro ayudante, Mandel (Robert Pattinson, que parece una estrella de cricket de mandíbula cuadrada), y por el otro, a su encuentro con una chica indígena (la actriz mongola Gana Bayarsaikhan), a la que defiende (alta traición) y de la que se acaba enamorando (sin éxito). Ciertamente, el invierno se anuncia frío y arduo.

El espíritu de los retratos cinematográficos épicos a lo David Lean de anglosajones en entornos coloniales o situaciones de guerra —concretamente, Lawrence de Arabia y El puente sobre el río Kwai— está presente, tanto en términos narrativos como visuales. Las imágenes son dotadas de gran belleza por el trabajo del veterano director de fotografía Chris Menges con las localizaciones marroquíes, mientras que la banda sonora de Marco Beltrami es un placer instantáneo para los oídos. Dado que los tiempos, además de los presupuestos, han cambiado desde aquellos años magníficamente opulentos de Lean, aquí tenemos algo más parecido a una producción de cierto prestigio de Miramax (que cada uno concluya a qué me refiero con esto).

La excelente y compleja interpretación principal de Mark Rylance, que recuerda por momentos al clásico Alec Guinness, se mantiene como uno de los platos fuertes durante todo el metraje, mientras que la maldad de Depp y Pattinson da una impresión, quizás deliberada, de bidimensionalidad. Las apariciones, siempre bienvenidas, de actores como Greta Scacchiy David Dencik son demasiado breves.

Waiting for the Barbarians es una producción italo-estadounidense de Iervolino Entertainment, Ambi (que también se encarga de las ventas mundiales) e Ithaca Pictures.

 

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