El fotógrafo Francisco Mata Rosas desea darle más voz a Tepito

El barrio de Tepito siempre ha sido estigmatizado como el más violento de la CDMX, pero en sus calles, vecindades y mercados hay otra cara: el de una comunidad en resistencia cultural a la globalización.

Se trata de un barrio donde hay unidad entre vecinos; donde trabajan desde antes del amanecer; adolescentes caminan a la escuela con sueños universitarios, y los jóvenes juegan futbol en su Maracaná. Todos conservan la empatía.

Ese rostro íntimo de barrio está registrado en el proyecto Tepito existe porque resiste, que se exhibe en la galería José María Velasco, ubicada en Peralvillo. Se muestran retratos en un collage y otros más en lona; son los rostros de los vecinos en sus entornos cotidianos: en el puesto ambulante, en el jardín, en el mercado y en su casa. Tal como ellos se reconocen y quieren ser reconocidos.

Es un lugar permanentemente asediado desde hace más de 500 años. Siempre ha sido una piedra en el zapato y un lugar incómodo y eso es parte de la particularidad que le da arraigo a la gente que vive aquí. Me interesó mostrar una imagen más allá de la de los medios. Siempre vemos ejecuciones, violencia, decomisos, y existen, pero hay otra parte que es la gente del día a día, refiere Mata Rosas.

Sobre los muros de la galería observamos un catálogo de personajes: comerciantes, estudiantes, amas de casa, artistas, deportistas, promotores culturales, vendedores de tacos, otros de dulces y muchos más de pan. Todos participaron voluntariamente y, en recompensa, recibirán su retrato al terminar la exposición.

El fotógrafo realizó hace una década un primer proyecto sobre Tepito; en esta ocasión el ejercicio fue más íntimo con las personas, para mostrar su proceso de resistencia a la gentrificación. Contó que los habitantes del barrio se sienten orgullosos de pertenecer a él y se esfuerzan por mantener la unidad, más allá de la criminalidad o de los prejuicios del resto de los ciudadanos.

Siempre me ha interesado la cultura popular urbana, porque en los barrios, comunidades periféricas e indígenas se mantiene lo que considero una trinchera de resistencia cultural. Los procesos de globalización hacen que las comunidades se parezcan más. Estamos homogenizando todo, pero en los barrios no como Tepito, explicó.

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