Dr. Lakra – Jerónimo: El uno dentro del otro

Por Mariana X. López Hernández

Jerónimo observa todo. Sonríe cuando pocos lo miran. Fija su mirada, profunda, en un punto que, pueden ser otros ojos. Mueve rítmicamente sus pies, quizá para calmar la mente. Se toma pocas fotos, como quien quiere evitar que los flashes roben su alma.

Jerónimo López Ramírez: dibujante, diseñador, ilustrador, escultor, grabador y tatuador, mejor conocido como Dr. Lakra, apodado así porque “yo solía usar un maletín de doctor y un día me puse unos guantes. Mis amigos me vieron, inmediatamente, me llamaron así. En México es una tradición ponerle apodos a la gente”.

De manos delgadas llenas de tinta, Lakra es un apasionado de las formas y los sinsentidos. Es claro cuando habla del eclecticismo que envuelve su obra: “Mi cerebro funciona así: veo una cosa y me interesa y toda la información se mezcla y forma una pieza única. En el dibujo pasa lo mismo. Inicié dibujando, copiando. Intentando hacer algo único. Es un cúmulo de cosas que ya existían. Eso se refleja en el trabajo que hago”. Afirma que la inspiración, si está existe como tal, llega a través de cosas sencillas y a las que pocos le ponen atención como las ilustraciones en las cajas de cuetes que venden en la Merced o cajas de cerillos japonesas y otras, en las que ha encontrado gran identificación, como el heavy metal, portadas de discos en vinyl, la cultura tibetana, detalles religiosos y los cómics: “muchos elementos no es solo una cosa, ni un solo artista (influencia) ni una sola corriente. Mucho de arte popular. Cosas que ni siquiera están consideradas arte”.

Escuela

Ser un artista autodidacta siempre representa un mérito que, también podríamos llamar don. Jerónimo no tuvo una educación artística formal, sin embargo, estuvo rodeado de un mundo de afectos fantástico. “No estudié nunca. Nunca me gustó la escuela.  No me gustaban los maestros por su onda autoritaria no entendía por qué me enseñaban matemáticas ni cuál era el sentido. Dejé la escuela en tercero de secundaria y me junté con amigos en talleres y compartíamos libros. Viajábamos y al regresar nos juntábamos y leíamos, así como cuando se escucha un disco. Yo traía una formación desde niño. Mi papá como artista, y yo desde muy niño estaba familiarizado con museos, yo estuve muy vinculado al arte, galerías… fue un proceso de muchos años”.

Fueron justamente estos últimos, sus amigos, los que lo acercaron al mundo de las galerías y presentaciones de su trabajo que, devinieron en la comercialización de sus obras alrededor del mundo. Tema que, a decir de Lakra, no es de su interés, pues el arte se hace para exorcizar la mente y poner a trabajar las manos. Lo demás es lo de menos.

Tatuaje: No para estar en rebeldía, sino para pertenecer

Gran parte de la carrera de este talentoso artista basado en la Ciudad de Oaxaca, de donde viene su sangre, ha sido su desarrollo en el tatuaje, mismo al que no considera un arte “el tatuaje no es un arte, es una técnica. Es como decir que todas las personas que pintan oleo hacen arte y no, no es así”.

“Mi primer acercamiento al tatuaje, fue cuando tenía como ocho o nueve años y pisé una plumilla por accidente y tuve un tatuaje en mi pie por diez años. A mediados de los 80 estaba en la época muy punkera, todos mis amigos estaban tatuados y yo también lo hice; más para integrarme a un grupo de gente con los que estaba identificado. No para estar en rebeldía, sino para pertenecer”.

Además de tener clara la relación arte-técnica, Lakra asegura que desde hace siglos no existe una pureza en el tatuaje en México, pues, con el pasar del tiempo, se corrompió por un inevitable sincretismo que lo alejó de manera tajante de lo que hacía nuestra antigua civilización. “El tatuaje mexicano desapareció después de la conquista. Hay como motivos mexicanos, pero no creo que haya una técnica en particular ni estilo específico. Creo que el tatuaje puramente mexicano se perdió”.

Después de varios años, Dr. Lakra ha retomado su trabajo en el tatuaje tanto en su estudio en Oaxaca como en la Ciudad de México (S.S.S en la colonia Guerrero) donde, las leyendas urbanas dicen, que hay una larga lista de espera.

“El último año decidí que quería dedicarme más al tatuaje, expandir mi pandilla, el desmadre… Decidí abrir el estudio con amigos, y luego con los amigos de mis amigos. No hubo convocatoria. Todo fue orgánico, estamos abiertos. No hay nada definido ni un crew como tal”.

Lakra tiene un estilo muy particular en los trazos de toda su obra, muestra formas grotescas, kitsch, repulsas, ansiosas; llenas de fetiches e intimidaciones que desmitifican lo perverso.

“En mi obra, no solo en el tatuaje, uso un lenguaje universal. Estoy hablando de cosas muy básicas: así como una portada con una mujer encuerada la entiende cualquier persona, no se necesita una identidad específica. Creo que eso se entiende en cualquier continente. Hablo de los sentimientos humanos, violencia, sexo… Además, utilizo símbolos que no son de una sola cultura, sino de un monton y eso se nota y le da un toque más global”.

“Como tatuador me gusta mezclar muchos estilos, tomar elementos de alguna cosa y mezclarlo con elementos de otra; usar iconografía japonesa y hacerla de otra manera, no me gusta solamente hacer negro estilo chicano sino que me gusta mezclar chicano-japonés. Mezclar, porque así dibujo”.

En este sentido, Jerónimo ha sido relacionado de manera profusa con el tatuaje estilo chicano. Él mismo cuenta que cuando vivió en un barrio chicano en Estados Unidos se influenció de lo que observaba ahí, no obstante, notó un fenómeno bastante peculiar: la discriminación y radicalización de las pandillas de aquel lugar; lo que llevó a que formara un criterio más amplio de la cultura chicana y la percepción, que éstos tienen, de un México cada vez más lejano.

“El tatuaje chicano fue una concepción romántica de cómo se vería México. Como una cosa artificial. Es una romantización de cómo es el mexicano: gente de tercera generación que ve un México que no existe. Como una invención. El tatuaje chicano no es mexicano”.

De las chacharas al arte

Hablar del trabajo del artista que vive en los valles centrales de la Ciudad de Oaxaca va más allá de su reconocida técnica en el tatuaje. Lakra es un artista multidisciplinario que, busca entre chacharas su próxima intervención. Es innegable que es un observador de lo cotidiano, de la ternura que de tanto serlo se hace perversa y plasmable en objetos inimaginados que, como rompecabezas, toman forma al ser manipulados por él. Todo, a sus ojos, es digno de ser intervenido y modificado. Encuentra en los detalles la oportunidad de crear y revivir como si de crear un universo paralelo, en el que habitan nuestros deseos más nauseabundos y abominables, se tratase.

“El mensaje que me interesa dar, con mi trabajo, es el humor. Creo que de eso va lo que quiero transmitir: de no tomarse nada en serio. A veces no es tan claro, pero hay algo de esto en lo grotesco de mi obra. Los objetos tienen una vida propia, en el momento que salen de tu taller, tienen un destino. Todo eso sale de tus manos, no es algo que tú puedas decidir”.

“Mi proceso creativo es muy íntimo y tampoco creo que sea muy especial”

En cuanto a la creatividad, es cierto que los artistas se enfrentan a baches creativos que desestabilizan la mente y esto, de buena manera, es el impulso de adrenalina que empuja a seguir creando. Jerónimo lo sabe, y lo enfrenta en una suerte de trance que lo invita a detenerse un momento y mirar, creativamente, hacia otro lado.

“Cuando cambio de técnica es mi manera de esquivar baches y salirme de una cierta monotonía. Pero hay baches, más difíciles de salir, que son los que tienes en la cabeza y quizá la única manera sea en terapias o con drogas, pero, de los creativos, cambiar de técnica y el esfuerzo es lo que te saque de los baches. La duda es lo que te hace seguir buscando, experimentando. Me considero una persona que no está cien por ciento seguro de las cosas. Siempre está la duda de no saber hasta dónde parar. Mi proceso creativo es muy íntimo y tampoco creo que sea muy especial”.

Música

Con la bandera del punk muy bien plantada, Dr. Lakra es un fiel seguidor de la música y, no solo de la que a este género se refiere. Así, como con su arte, su selección musical es variada y sin pretensiones. Como él lo ha dicho en repetidas ocasiones, en su mente hay una mezcla de sonidos, colores, texturas. Lo que va observando y sintiendo se convierte en un momento que puede ser plasmado en una obra o en un sonido que se lo recuerda. Todo objeto es digno de ser reconocido y reinventado.

“La música siempre me ha gustado mucho. Un porcentaje grande de mi día me la paso escuchando música. Cuando voy a las chacharas compro LP´s porque tienen calcomanías y posters. El objeto en sí es algo que me parece muy bonito comencé a juntar discos de cualquier cantidad de cosas. Me interesa muchísimo la música. Me gustan muchas las portadas de los discos que, siempre fueron una gran influencia. Lamentablemente, no toco ningún instrumento. Ahora que todo se ha reducido al cd o mp3 se ha perdido esto. Me invitan a poner discos en antros. No mezclo. Pongo una canción, termina y pongo otra. Pongo Odisea Burbujas, termina, pongo a gogó tailandesa, luego una cumbia y así”.

Patria

Hay dos temas de los que Jerónimo evita hablar y son sus relaciones familiares y política. Y no es por no reconocerlas sino por el inevitable escarnio al que, como él, están expuestos quienes están en su posición. En cuanto al primero, el artista es muy claro y no es necesario que lo diga, su trabajo habla por sí mismo. La facilidad con que sus manos dibujan y trabajan es un poder personal, ganado a golpe de tinta. Aunque, hay quienes aún se preguntan si sus lazos familiares le han valido el reconocimiento que tiene. Lakra es tajante.

“Con respecto a mi papá, lo primero que hice fue cambiarme de nombre, no usar el apellido. No fue que yo fuera con la credencial diciendo que era el hijo de fulano. Hacia lo contrario.

El ser su hijo, no me ayudó ni mucho ni poco. La estrategia que yo seguí, si es que se le puede llamar así, fue hacer tatuajes, hacer lo que yo quería y entonces ser constante. Esa fue la clave. Tuve la suerte de no buscar galerías, porque tenía amigos, gente que me ayudaba, que vendía mi obra o tenía galerías. Me salté todos los pasos que los artistas tienen como tener becas, residencias y colectivos. Fui muy afortunado, Todo llegó a mí y todo fue porque nunca dejé de hacer lo que quería hacer, nunca hice nada para complacer a nadie. Esa fue la estrategia”.

En cuanto a la política, no deja de mostrar su escepticismo, como la mayoría de los mexicanos que vivimos en un incomprensible sistema político.

“Mi posición es constante, día a día como vives, como le hablas a la gente. No es solo de dientes para afuera ni solo cuando te ven. Se trata de actitud e ideología. En mi postura política siempre tengo dudas, siempre. Me gusta apoyar muchas cosas, pero siempre creo que hay algo atrás, que no te están diciendo la verdad, que te vas con la finta y hay detrás una mano negramoviendo hilos. Simpatizo con la onda zapatista, aunque siempre tengo una espinita…”.

Hombre de largos silencios y miradas largas. Este observador de los detalles y reinventor de lo cotidiano tiene un solo consejo para quienes desean dedicarse al arte y aplicable para todos en el mundo moderno.

“La originalidad es lo más importante. Entender las cuestiones técnicas, no ver tanto internet sino ver más libros. Dejar de ver Instagram y mejor ir a una biblioteca. Sino todo el mundo tiene las mismas ideas y se vuelve todo homogéneo”.

Bajo la figura ensimismada de Jerónimo López Ramírez habita Dr. Lakra quien lo convierte en el hombre que busca y crea arte, el mismo que tamborilea los dedos sobre la mesa al ritmo de sus pies ansiosos. Los dos son el mismo artífice de sueños lúcidos llenos de realidad. Juntos, Jerónimo y su alter ego, observan, se dan ideas, se acompañan. Se saben cómplices, mano y tinta, lienzo y collage: necesarios el uno para el otro en un mundo que tampoco comprenden.

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