Javier Cercas, ganador del premio Planeta 2019, le da un vuelco a su narrativa

Con más de 30 años de experiencia en la narrativa, Javier Cercas (España, 1962) dio un vuelco a su literatura. Tras el Otoño catalán, el novelista, ensayista y traductor dejó las formas intimas y el relato con un protagonista a su semejanza, para fincarse en la reflexión sobre los sentimientos más negativos del ser humano.

Hacer, pues, una literatura aún más universal. Me ayudó a renovarme como escritor, porque las cosas malas a los escritores nos sirven: la violencia, la discordia, el dolor, eso es muy útil. En cambio, lo bueno, la felicidad, es muda, refiere el también columnista.

A ello responde su más reciente novela Terra Alta, ganadora del Premio Planeta 2019, que, sin ser un relato personal, habla mucho de las preocupaciones y angustias del escritor tras vivir, literal, meses encerrado en su departamento de Barcelona, mientras el movimiento independentista acechaba las calles de una Cataluña convulsa.

El Otoño catalán me marcó como escritor porque lo hizo como persona. Los escritores no vivimos fuera del mundo, entonces lo que ocurre alrededor de nosotros nos afecta.

La novela está lo más alejado de ser un relato político o sobre el propio Cercas, pero a la vez es una de las más reales y reflexivas del escritor.

Aquí me atengo aparentemente a las formas y normas de un género como el policial, tiene una apariencia de thriller. Pero hay asuntos que perduran, como la presencia del pasado en el presente, el pasado como dimensión del presente, señala en entrevista.

Cercas relata sobre el asesinato violento de una pareja en el pueblo Terra Alta, una región de Cataluña pobre y olvidada. El protagonista es Melchor Marín, un hombre urbano y lector voraz, que cuatro años antes había llegado a la comarca en busca de su felicidad, y aunque la encuentra en una esposa e hijo, le dura poco.

Marín debe investigar el doble crimen y conciliar con su pasado, una memoria de la infancia oscura que cree haber enterrado bajo su vida feliz y pacífica en el pueblo.

En esa narración de policías, violencia y misterio, Cercas ofrece un análisis sobre el pasado. Ese que dice, nunca acaba de pasar, el que siempre está actuando sobre nosotros donde hay memoria y testigos. En la novela, el testigo habla en tercera persona, primera vez que el autor abandona la narración en voz propia.

La novela lo que cuenta por un lado es la investigación de este caso, y por otro lado desvelar el pasado del protagonista, de Melchor Marín. Ahí es donde intenta convertirse en una reflexión de temas que me preocupan y que me inquietan, como la injusticia, el odio, la venganza, la epopeya de un hombre en busca de su lugar en este mundo, afirma el también autor de Soldados de Salamina y La velocidad de la luz.

Desde este punto, Cercas busca la universalidad de la literatura al entender a ésta como el medio para ser no mejor persona, pero sí más persona.

Con ello refiere a que la escritura de ficciónlleva al espectador por viajes que educan: Un lector de buena fe, eso es lo que me gustaría tener, sin prejuicios, que lee entendiendo que se lee por placer y el placer es conocimiento.

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