Los apodos en el narcotráfico mexicano

El halo de poderío que tenían los alias de los capos del narcotráfico en México dio paso a la imposición de rústicas identidades cuya sola mención en ocasiones puede despertar incrédulas sonrisas.

La transición de los apodos ha acompañado la historia del narcotráfico. Algunos provienen de la infancia. Otros, se impusieron a modo de mensaje o intimidación. En el principio los cárteles eran escasos, tanto como los jefes y sus motes.

Así, Pedro Avilés, uno de los primeros capos del país, fue bautizado como ‘El León de la Sierra’, nombre que bien podría titular alguna película. A Miguel Ángel Félix Gallardo, fundador del Cártel de Guadalajara, lo llamaban ‘El Padrino’ o ‘Jefe de Jefes’. Quedaba claro quién mandaba.

Amado Carrillo Fuentes, fundador del Cártel de Juárez, el mismo que convirtió al narco en un negocio con amplio poderío trasnacional, fue mundialmente conocido como ‘El Señor de los Cielos’ por la flota de aviones que manejaba cargados con cocaína que traía de Sudamérica. Joaquín Guzmán Loera, mandamás del Cártel de Sinaloa, lo superó en fama pero no en la contundente claridad de su alias. Con frecuencia se sigue preguntando qué significa ‘El Chapo’, ya que no todo mundo sabe que es una variación de «chaparro», el mexicanismo que define a las personas de baja estatura.

En el juicio en el que Guzmán Loera fue condenado a cadena perpetua en Estados Unidos, Dámaso López, mejor conocido como ‘El Licenciado’ porque estudió abogacía, reveló un apodo desconocido del ‘Chapo’. Dijo que los hermanos Beltrán Leyva, sus rivales en Sinaloa, se referían a él como ‘La Prima’. Y no es el único con motes femeninos.

Édgar Valdez Villarreal, uno de los sicarios más temibles del desaparecido cártel de los hermanos Beltrán Leyva, era conocido como ‘La Barbie’. Por eso, cuando lo capturaron en 2010 abundaron los memes en los que la Policía arrestaba a la famosa muñeca estadounidense.

Hay apodos indescifrables para extranjeros, como el de Santiago Meza López, sicario del Cártel de Tijuana al que llamaban ‘El Pozolero’, derivación del nombre de un caldoso platillo mexicano que se prepara con carne de cerdo hervida. La referencia se debía a que disolvía los cuerpos de sus víctimas en ácido.

Uno de los efectos de la guerra contra el narcotráfico iniciada en 2006 fue la dispersión de los cárteles. Hoy hay decenas de organizaciones criminales que operan o disputan distintos territorios de todo el país. Y por lo tanto hay más jefes y sicarios con apodos que se van popularizando ante la opinión pública.

Esta semana, por ejemplo, las fuerzas de Seguridad anunciaron la detención de ‘El Lunares’, el presunto líder del Cártel Unión Tepito que en realidad se llama Óscar Andrés Flores Ramírez.

También se ha conocido la existencia de ‘El Pata de Queso’, presunto líder del Cártel de los Zeta, y ‘El Comegusanos’, uno de sus operadores. De ‘La Hamburguesa’ y ‘El Mataamigos’, quienes fueron señalados como jefes del Cártel del Golfo. Y ‘El Jamón’ y ‘El Tortas‘, rivales narco en el barrio de Tepito.

Algunos motes sonarían más naif si no se refirieran a peligrosos criminales y, sobre todo, si no hubiera cientos de miles de víctimas en el medio. Es el caso de ‘El Ojos’, ‘El Chiquilín’, ‘El Yogurt’ y ‘El Niño Problema’. Otros sí cargan con una connotación negativa al estilo de ‘La Rata’, ‘La Puerca’ o ‘El Mata Perros’.

En el caso de las mujeres, la prensa suele bautizarlas con nombres rimbombantes y definirlas con estereotipos de género. Así, ‘La Emperatriz del Narco’, ‘La Reina del Pacífico’ y ‘La Emperatriz del Ántrax’ son bellas, sanguinarias, duras y seductoras.

Casi nadie recuerda a su antecesora, María Dolores Estévez Zuleta, una mujer que en los años 30 se convirtió en la primera líder del narco de la Ciudad de México. La llamaban, simplemente, ‘Lola, La Chata’.

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