GABRIEL RETES – Cineasta con oficio

A pesar de que se inició en el teatro, en el escenario y tras bambalinas, Gabriel Retes terminó por convertirse en director, actor y más tarde cineasta. Su obra ya es parte de la historia de la cinematografía en México. Para conocer más acerca  de su trayectoria, de los planes a futuro y de la imperiosa necesidad de producir cada vez más cine en México, el  autor nos platica de esta etapa de su vida.

 

Por ser hijo de Ignacio Retes y Lucila Balzaretti, él dice: “soy hijo de un teatro, el teatro que está atrás del Palacio de Bellas Artes porque es el Teatro Hidalgo Ignacio Retes, entonces soy hijo de un teatro y de un hombre del teatro”. Su carrera comenzó siendo un niño. Su primera actuación fue en Becket o el honor de Dios, bajo la dirección de mi padre, para inaugurar el Teatro Xola. “Compartí el escenario con grandes actores como José Gálvez, Sergio Bustamante, Leonor Llausás. También participé en Edipo rey, inauguré 29 teatros y sólo tenía doce años”.

 

Retes cursó estudios en Letras Hispánicasen en la Universidad Iberoamericana donde fundó el primer taller de teatro en dicha universidad. Aunque la UNAM había sido su alma máter en el bachillerato, a Retes lo expulsaron y así lo confiesa: “Me porté mal y me mandaron al Consejo Universitario, desde entonces me educaron a no callarme, a protestar, y cuando le llamas la atención a las autoridades, te demuestran su autoritarismo”.

En la Ibero su carrera se tradujo en obras como Caín, el hombre de Emma Godoy; Crepúsculo otoñal de Friedrich Dürrenmatt; El montacargas de Harold Pinter, entre otras más. Pero el cine era una gran incógnita. Las butacas del lugar en el que se hace esta entrevista son justamente las del viejo cine Hipódromo al que Retes solía ir.

 

“No había películas en casa y venía dos veces a la semana a ver tres películas diarias, eran seis películas a la semana. Aquí debo haber visto cuatrocientas películas. Recuerdo por géneros, de guerra los lunes, westerns los martes, miércoles de espías, jueves románticas y demás. Cuando llegaba, me compraba mi coca cola y mis palomitas y veía tres películas de un chingadazo”.

 

Confiesó que al principio el cine no representaba para él un medio de expresión artística. “Coproduje con Ignacio López Tarso y con mi padre la primera representación teatral de Los albañiles de Vicente Leñero, en la que tambien actuaba, fue un éxito. Para entonces fue a vernos Alejandro Galindo y le gustó mi trabajo, después en camerinos me dijo que le daba yo el tipo para un personaje de una película que se llamaba Cristo 70, que iba a empezar a rodar. “Me contrató y cuando fui al rodaje decidí que quería hacer cine el resto de mi vida. En ese momento compré mi equipo de Súper 8 y ahí fue cuando hice Sur, en 1969”.

 

Retes, más que un director, es un auténtico cineasta. Edita, hace guiones, dirige y demás. Eran otros tiempos. La promoción de las películas la realizaba el Estado mexicano. Así llegó por primera vez a las pantallas Chin Chin el teporocho en 1974. El camino al éxito estaba trazado pues Retes había ganado el premio Luis Buñuel con Sur y premios de la Asociación Nacional de Actores con Los años duros.

 

Poco a poco las temáticas de Retes se aproximaron al límite de los temas populares, la gente común y corriente, la que transita por la calle, era la proyección de su cine. Al respecto, el director comentó: “yo no hago mis películas; mis películas me llaman a mí, de pronto digo tengo que hacer ésta. Imagínate, hace poco pasaron Chin Chin el teporocho, era 1974 en la pantalla pero también aquí y ahora”.

 

Años después, Retes formó junto a otros intelectuales, la Cooperativa de Cine Marginal. Filmaban marchas sindicales, mítines y demás. Como no se podía hacer vídeo, el único registro que existía era el Súper 8. Con la cooperativa, Retes dirigió Mujeres salvajes Bandera roja, después filmó Miguel Litin con un guión de Gabriel García Márquez.

 

Posteriormente, nacería el primer fracaso de exhibición para el director: La cuidad al desnudo. La película tuvo problemas: “la consideraron muy fuerte. Esa película fue la primera de Luis Felipe Tovar, de Damián Alcázar, de Lourdes Errizaragaz, ellos tres debutaron y han ganado cualquier cantidad de Arieles”. No obstante, “a esa película también la consideraron muy violenta: la película más violenta que se ha hecho en la historia del cine mexicano. De violencia entre seres humanos. Muy fuerte película. Justamente la hago en el marco en que el Estado ya no producía y se agravaba la situación social, representaba el arranque de la violencia en México y en particular en el Distrito Federal. Aquella película fue el fracaso absoluto en términos de exhibición”.

 

Durante seis meses, Retes permaneció en el mutismo, sin realizar ni producir pero fue entonces cuando nacería una de sus obras maestras: El bulto. “La idea surgió precisamente de que estaba yo hecho un bulto, no salía de mi casa, me sentía un fracasado, que se había acabado mi carrera, y no, estaba preñado del bulto”. A partir de esta película, la vida del autor, da un giro a su favor.

 

Con El bulto, Retes ganó el primer lugar del Premio del Primer Festival de Cine de la Ciudad de México. A 45 años del ‘halconazo’, Retes lo recuerda por ser un punto fundamental para la película ya que, aunque la primera toma es una recreación de las marchas de aquel 10 de junio de 1970, él lo vivió en carne propia: “filmé un cachito de los halcones persiguiéndome. Era yo corriendo con la cámara de Súper 8 y saliendo halcones y en un momento dado se ve, pasándole cuadro por cuadro, cómo detrás de mí viene un tipo con una vara de bambú… y pues la libré”.

 

Retes filmó ese material y después lo donó a la Filmoteca de la UNAM. A pesar de que no estaba estrictamente prohibido tener ese tipo de cintas, la censura corría por parte de los centros de revelado en los que si se descubría la grabación de una marcha o mitin, el rollo era velado y así lo entregaban al cliente: el material filmado “nunca vio la luz pública”.

 

Retes y el cine

 

“Yo vivo de esto. Soy productor, director, escritor y actor de mis películas” dice el maestro mientras toma un trago de agua de limón en la sala de su casa. Un oasis dentro de uno de esos viejos edificios que están en alguna vieja avenida de la ciudad.

 

Una película de Retes financia a la que le siga y por ello su producción fílmica es extensa. En su trabajo como actor también ha provocado que la actividad lo trascienda para poder elegir a los actores de sus películas. Retes lanzó a actores como Ana Claudia Talancón o Damián Alcázar al estrellato, para él un buen actor es “un tipo que desde que lo veo y platico con él diez minutos y me dice que quiere ser actor, ya me puedo empezar a dar cuenta si puede o no, y después convencerme. Un buen actor lo que tiene que hacer es convencerme a mí, director. Incluso, Retes actor tiene que convencer a Retes director y con eso me presiono mucho”.

 

Si bien se convirtió en director de cine a corta edad, también sigue disfrutando de la actuación, “ahora me llaman mucho los jóvenes, me encanta estar en una silla viendo al director y al productor y que den una noticia y después me llamen a escena o al set. Me encanta trabajar como actor y sobretodo en el cine que es un oficio muy hermoso en el cual llevo más de cincuenta años. Mi cine me trascendió a mi mismo, vive sin mí, no requiere de mí. Tengo clásicos”.

 

Ahora, si la trayectoria de Retes está fundamentada en la realización de buenas obras cinematográficas, una parte fundamental son los espectadores a quienes el director prefiere inteligentes. “Ver cine mexicano es un acto de inteligencia. Yo creo hacer cine para espectadores inteligentes, no tiene nada que ver con el grado escolar ni con el estrato socioeconómico: la gente que me ve es inteligente porque se necesita inteligencia para detectar en un mar de películas una de Gabriel Retes, y es que suele suceder que el que encuentra una busca las demás”.

 

“El cine que se hace en México es como siempre, bueno, malo y regular pero lo que le falta es la exhibición, las pantallas, tiempo en las salas”. Pareciera ser que a Retes lo eligen sus películas, su sentimiento en la realización es cotidiano puesto que es su oficio y es cineasta antes y después de las películas que hace. A los jóvenes que quieren hacer cine, les dice: “lean, dejen de ver las pantallas de sus celulares, vayan a ver cine mexicano y lean dos libros al mes por lo menos”.

 

Gabriel Retes nació en la Ciudad de México en 1947 y a sus 69 años no se retira porque tiene, efectivamente, el espíritu para realizar más y más filmes año con año. En amor dados, su película más reciente y que aún no se encuentra en las pantallas espera este año difusión en festivales: un filme que habla de 1921 y los intelectuales mexicanos de la época: Dr. Atl, Diego Rivera, Frida Kahlo pero también de militares como Álvaro Obregón y filósofos como José Vasconcelos.

 

En julio, Retes presentará Trainspotting del irlandés Irvine Welsh y vale la pena ir porque aquellos que vayan “se van a reír de algo fuerte, se van a emocionar y cuando se vayan a sus casas van a reflexionar. Es muy divertido. Llevo cinco funciones en el auditorio Alejo Peralta en el Politécnico y también la vio Welsh en el teatro Diana en Guadalajara cuando vino a la FIL de Guadalajara el año pasado. De hecho, dijo que le pareció una excelente puesta en escena”.

 

Trainspotting se presentará en el Teatro Hipódromo Condesa a espaldas del Edificio Ermita entre las avenidas Revolución y Jalisco en la Ciudad de México en varias fechas en el mes de julio. Y en octubre estará en retrospectiva en la Cineteca Nacional. “Es un honor para mí que la Cineteca de mi país me conceda un mes completo para ver mi cine y espero una gran respuesta del público. Siempre me interesa saber qué piensa el público, en especial el de la Cineteca porque es joven e inteligente”.

 

Retes se despide con un gesto tocando su barba y de manera sutil mira hacia el vacío como pensando en un nuevo filme o soñando que trabaja en una película con Marcello Mastroianni.

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