De forma frenética, científicos rusos buscan vacuna contra Covid-19

En frenética carrera por ser el primero en llegar, aunque los corredores virtuales son conscientes de que falta mucho para alcanzar la meta, cuando pueda decirse que por fin se derrotó para siempre el Covid-19, no menos de una quincena de instituciones científicas de Rusia, de unos meses para acá, recurren a todo su bagaje de conocimientos acumulado y recursos humanos en aras de encontrar la fórmula más eficaz de la vacuna que anhelan este país y el mundo.

A la fecha hay 47 estudios que buscan encontrar esa vacuna en Rusia y se llevan a cabo en catorce prestigiados centros de investigación, pero sólo cuatro de éstos  –la Agencia Federal Médico-Biológica (FMBA, por sus siglas en ruso) sobre todo su filial el Instituto de Vacunas y Sueros de San Petersburgo; el Centro Federal de Virología y Biotecnología Vektor de Novosibirsk; la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú; y la compañía privada de biotecnología Biocad, de Petrovo-Dalnoye– gozan del aval de la Organización Mundial de la Salud, al figurar en su lista de proyectos más prometedores para crear una vacuna que pueda frenar la pandemia.

Tan sólo Vektor, que se dio a conocer por ser el primero en hacer aquí las pruebas para detectar el nuevo coronavirus, elaboró 26 prototipos de vacuna, que han ido descartándose según se obtenían los resultados de los experimentos con animales de laboratorio.

El gobierno ruso, por voz de la viceprimer ministra Tatiana Golikova,  confía en que alguna de esas investigaciones –que empezarán a probarse en humanos este mes de junio– permita avanzar hacia la vacuna contra el Covid-19, que deberá quedar definida por completo en el transcurso del segundo semestre de este año.

La directora de la FMBA, Veronika Skovortsova, está convencida de que esa vacuna podrá adquirirse en las farmacias como medicamento registrado ya a comienzos de 2021.

Otros científicos, saltándose las reglas, quieren ir más rápido y es el caso, por poner el ejemplo más sonado, del Centro Nacional de Investigaciones Gamalei de epidemiología y microbiología.

El académico Aleksandr Guinzburg, su director, acaba de revelar que él y todos los que trabajaron en su elaboración decidieron probar en sí mismos una vacuna propia de tipo vectorial basada en el adenovirus del  SARS-CoV-2.

Sus colegas rusos arremetieron contra ellos, argumentando como la Asociación de organizaciones de investigaciones clínicas que “experimentaron con humanos sin obtener el debido permiso de las autoridades, ni efectuar el periodo de pruebas preliminares con animales ni cumplir otros requisitos habituales”.

En consecuencia, agregan en su carta al ministro de sanidad, Mijail Murashko, “se violaron los principios más elementales de ese tipo de estudios, la legislación de Rusia y las normas internacionales en la materia”.

Vasili Vlasov, vicepresidente de la Sociedad de Expertos en Medicina basada en la Evidencia, es aún más demoledor: “el Centro Gamalei siempre trata de promover sus productos a cualquier precio, incluso con métodos ilegales, y por eso cabe preguntarse si en este caso podrían dudar en falsificar los resultados de las pruebas de su vacuna”.

Al eludir enfrascarse en cualquier polémica, Guinzburg responde a sus críticos con estas palabras: “Todos estamos vivos, sanos y contentos”.

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