Mónica del Carmen, una historia de perseverancia y orgullo

Mónica del Carmen Martínez Ruiz es una actriz de Miahuatlán, Oaxaca que se ha vuelto uno de los rostros importantes del cine y el teatro mexicano, si bien su carrera en cine arranca en 2006 en el cortometraje “La última mirada” de Patricia Arriaga y con una pequeña participación en “Babel” de Alejandro González Iñárritu, es con su protagónico en “Año Bisiesto” (2010) de Michael Rowedonde capta la atención de todos, ganando el Ariel a Mejor Actriz. En vísperas de la entrega del Ariel 2020, la entrevistamos con el pretexto de su nominación a Coactuación Femenina en “Asfixia” de Kenya Márquez.

Mónica es una de las favoritas para el Ariel este año, ¿cómo te sientes con esta nominación?

La verdad estoy muy emocionada, muy muy contenta porque esperaba buenas noticias y creo que han llegado. He pasado días, como me imagino que mucha gente, de mucha incertidumbre frente a esta pandemia y me hace sentir que a pesar de todo esto hay buenas noticias que compartir, que celebrar, por la cual me siento contenta y satisfecha con esta noticia.

Diez años después de“Año Bisiesto” llega esta nominación con un personaje completamente opuesto, ¿cómo han sido estos diez años para ti?

Hhan sido sólidos, “Año Bisiesto” me abrió la puerta para poder hacer cine, ya había participado con un pequeño personaje en “Babel” de Alejandro González Iñárritu, ya había hecho una película con Patricia Arriaga, pero creo que “Año Bisiesto” potencializó muy muy fuerte en mi carrera,es un personaje bastante atrevido, sólido, profundo y el arriesgarme a hacerlo, pues no es un personaje fácil, me abrió las puertas y después de eso procure ir con paso firme y apostando por proyectos independientes, que me gustarán, así ha sido el planteamiento de mi carrera y me siento muy orgullosa, de “Año Bisiesto” a “Conchita” en “Asfixia” hay un rango actoral que es importante tener y que me siento capaz de lograrlo. De estar en el cine de Michel Franco pero también en el de Alonso Ruizpalacios o el de KenyaMárquez, es tener un rango a actoral amplio que transmitir y proyectar en la pantalla y éste me hace sentir que estoy bien preparada y que tengo unas clases importantes para apostar en la pantalla. 

Tu personaje en “Asfixia” es un personaje que bordea el melodrama, que podría caer en el ridículo y en cambio jamás lo hace, ¿cómo fue la construcción de este personaje para lograrlo mantener al borde de todo el tiempo sin volver una caricatura?

Fue un trabajo muy arduo con la directora, fue muy sorprendente cuando comenzamos a plantear el personaje el darnos cuenta de las historias de nuestras madres, de nuestras amigas, de las que nosotras habíamos vivido, y saber de qué es un personaje que podría caer en el cliché o los estereotipos, necesitaba mucha profundidad para poder encontrar esos contrastes y fuera empático para el público y creo eso se logró a partir de un trabajo consciente y arduo de nuestras historias como de mujeres, de la historia de éste país, desafortunadamente vivimos en uno con alto índice de feminicidios, de violencia de género, es importante tratar este tema con respeto, a pesar del humor negro que maneja Kenya, y que le da distancia al público para analizarlo por medio de la risa y de este humor. Fue un trabajo profundo y respetuoso con el tema.

¿Alguna vez pensaste cuando estabas en Oaxaca que ibas a convertirte, actualmente, en una de las actrices emblemáticas del cine mexicano, del cine con profundidad social?

La verdad no. Yo crecí viendo a las estrellas de la televisión y del cine mexicano y veía muy pocas con un parecido a mí, pensaba que lo único que podía hacer eran personajes secundarios en las obras de teatros y quizá nunca iba a tener un protagónico y a mí misma me ha sorprendido la capacidad también de luchar por esos personajes y por ser una de las pioneras en maneras en abrir espacios para las mujeres indígenas, para las mujeres morenas, y hacer un cine de calidad y haber estudiado en la en la Escuela Nacional de Teatro y ser parte importante de las caras del cine mexicano. Sí me sorprende pero me hace pensar que es un camino que han abierto otras mujeres para mí y que también me toca abrir camino para las nuevas generaciones para que también podamos vernos capaces de ser cineastas, actrices de cine, de ser cosas que muchas veces se nos han negado como personas que vinimos de comunidades indígenas-

¿En qué momento te diste cuenta que a ti te llamaba la de la atención ser actriz, que querías estar en escenario?

Afortunadamente yo estudié en un colegio de monjas donde había mucha creación artística, la madre superiora, la madre Juanita, apostó siempre porque yo estuviera estudiando canto, en los círculos de lectura. Yo traía esa vena de querer cantar, pero cuando llegué al CEDART me costó mucho el solfeo, de verdad que no podía quedarme quieta y no entendía mucho pero descubrí el teatro y creo que ahí fue como un parteaguas.

Conocí el teatro de Carballido y de Luisa Josefina y de Rosario Castellanos, de Sor Juana, de Shakespeare, de todos los grandes y comencé a estudiar teatro a los 15 años y cuando terminé el CEDART decidí, y con la ayuda también a mis maestros, postular a la Nacional de Teatros y creo que ahí encontré el camino hacia lo que más amo en mi vida que es la ficción. Para mí, la ficción no es una mentira, es una realidad aparte, que se construye con otros elementos, con muchos elementos metafísicos para construir la imaginación y creo que eso ha sido mi quehacer principal en la vida, construir esas ficciones con dignidad, con cabeza, con corazón, para decir lo que yo quiero decir y lo que me han enseñado también mis maestras, mis maestros. Apuesto por el arte, apuesto por la cultura, apuesto por los mensajes en la ficción que tengan respeto por lo que yo soy.

¿Recuerdas el momento en que dijiste “si me la voy a jugar en la actuación, sí, yo nací para esto”?

Creo que cuando me ofrecieron el papel de “Año Bisiesto” recuerdo que estaba como muy confundida, se rumoraba que el guión era muy pesado, que era muy violento con la mujer, que tenía rasgos de misoginia, y cuando lo leí, vi que era un personaje digno de hablar de él, era una chica abusada por su padre, en una situación confusa, en relaciones tóxicas por su pasado. Cuando lo reflexioné y tomé la decisión, no sin antes decirle a mi mamá y que ella me dijo “no tengas miedo hija, tú parate maciza, has tomado buenas decisiones y sólo no lo hagas con miedo”, ese fue un momento muy decisivo para tomar las riendas de lo que yo había visto en ese guión y de arriesgarme a estar desnuda, de estar en la pantalla con todo lo que éste personaje implicaba y darlo todo. Creo que darlo todo por ese personaje, por esa película, donde recaía el peso de la trama sobre mis hombros y sacarlo avante, fue un parteaguas. Tomar esa decisión y arriesgarme a hacerlo con toda la garra y con todas las aptitudes que en ese momento poseía y decir, “sí, si quiero ser una actriz en toda la extensión de la palabra”.

¿Y qué tal cuando te dan el Ariel ese año?

Mi madre fue quien recibió ese Ariel en el Palacio de Bellas Artes. Mi mamá es una mujer que vende todavía en un mercado del pueblo, que es una líder del mercado, que vive en una comunidad de mujeres indígenas, que también me criaron, y lo recibió y se le ocurrió decir “Gracias por este Oscar” y todo el mundo se empezó a reir en la sala, y luego dijo que se lo dedicaba yo a todas las mujeres, a las madres solteras, a las mujeres que luchan, y yo vi el video y la verdad me conmovió muchísimo todo este contraste de emociones, yo estaba en Francia haciendo una obra de teatro… Y ahora desafortunadamente tampoco podrá estar presente de manera presencial porque ceremonia será en línea. No sé si lo recibiré [premio que el día de la ceremonia si lo recibe] pero creo que estar nominada me habla de que sigo bien plantada en este medio, aunque a veces ha sido difícil. Pero los premios finalmente son con un reconocimiento a tu entereza y tu garra para resistir y permanecer en este cine mexicano que lo veo como algo muy potente.

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